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Borrón y cuenta nueva

Nicolás Varela es periodista y conductor de radio de profesión. De lunes a viernes conduce Buenos Vecinos, un magazine de información y entretenimiento local por FM 88,7 y El Diario Sur en Vivo. También forma parte de FeFIJEE al Extremo, los sábados a las 20.

Hoy tenía ganas de volver a hablar de fútbol, pero considero que sería injusto ignorar el tema que el Gobierno instaló en la agenda el jueves por la noche, algo que no hacía desde que envió al Congreso el proyecto de extranjerización de la tierra que después le voltearon.

Lo primero es mencionar que el tono y el eje de la cadena nacional fueron correctos. La soberanía y la causa Malvinas deben ser políticas de Estado y la emocionalidad estuvo acorde a la cuestión. El presidente se alejó de las politónicas referencias anales para pasar a un tono monocorde, erguido y con aparente autosuficiencia. La drástica diferencia con sus muy recientes intervenciones hace evidente que lo que leía no lo había escrito él, pero corresponde aplicar también la misma vara que a los demás temas y pasar a analizar qué dijo más allá de quién o cómo lo dijo.

Concretamente son dos. Las dos parecen ser correctas también; aunque algo repetidas. La reglamentación para aplicar sanciones a las empresas de hidrocarburos que pretenden explotar los recursos de la zona ocupada ya existe, pero celebro que éstas sanciones se endurezcan, especialmente comprometiendo un programa sagrado para el Gobierno como es el RIGI (Régimen de Incentivo a Grandes Inversiones). Según el decreto que se publicó, las empresas que quieran acceder a ese beneficio impositivo no deberán tener ningún vínculo con empresas que operen en el espacio ocupado, lo que incluiría a los potenciales inversores de Vaca Muerta. La otra medida importante y valorable es el anuncio de la base naval integrada en Ushuaia, capital de Malvinas. También parece repetida ya que se trata de una obra que comenzó en 2022 con presupuesto del Fondo Nacional para la Defensa, según explicó el abogado especialista en la causa Malvinas Juan Augusto Rattenbach. Según contó él también -en Infobae en vivo- el financiamiento se cortó en 2024 y desde entonces la obra se ha ralentizado. Rattenbach resaltó que quizás el efecto de la cadena nacional se hubiera multiplicado exponencialmente si se daba en el contexto de la inauguración de la base terminada en lugar de simplemente una manifestación de giro de 180 grados. Pero de todas formas, se celebra que se reanude la obra.

Este giro drástico que da el Gobierno respecto a la posición sobre la causa Malvinas también corresponde ponerlo en evidencia, por lo positivo. El presidente dijo algo muy importante, y que no necesariamente se traduce en alguna medida concreta. Para las medidas recientemente celebradas habrá que esperar y corroborar que realmente ocurran. Habrá que esperar a ver las retroexcavadoras trabajar en Ushuaia y ver las sanciones materializadas. Pero hay algo que con el solo hecho de decirlo ya es suficiente, y en este caso no solo es lo qué dijo, sino también quién: Los autodenominados Kelpers son una población implantada.

Esto que dijo Javier Milei alcanza con que lo diga para convertir a Malvinas en una verdadera política de Estado, porque él es el presidente de la Nación. El propio Javier Mieli había dicho el 2 de abril de 2024 que en Malvinas había que “votar con los pies” haciendo referencia al principio de autodeterminación de los pueblos. Es decir, que mientras los que vivan en las Islas (los que tienen los pies apoyados) voten ser ciudadanos de tercera británicos, así debían permanecer. Esta vez, al referirse a los invasores como “población implantada” mantiene la negativa sostenida históricamente por el Estado argentino, que en 2013 había tenido que rechazar el referéndum llevado a cabo en las islas. Por aquel entonces, la presidenta lo había descrito como una asamblea de consorcio en un edificio ocupado, en el que los okupas votaban si querían ser desalojados o quedarse con los departamentos.

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El giro del presidente no es casual. Por supuesto que tiene que ver con un momento en el que Estados Unidos está usando a Malvinas como moneda de cambio en su interna dentro de la OTAN, pero creo que ya hemos aprendido de la manera más cruel que pretender que Estados Unidos intervenga a favor de la Argentina en un conflicto armado es simplemente imposible. Lo que estamos viendo, en realidad, es un cambio de época que, contrario a mis pronósticos, ocurrió el 15 de julio. Para ser más específico, y por eso mi anterior escepticismo, cambió cuando Lautaro Martínez cabeceó solo en la puerta del área chica y puso el 2 a 1 para la Selección Argentina. Yo era de los que creía que aquella semifinal era solo un partido de fútbol, especialmente por el miedo que tenía a lo que podía pasar si perdíamos. Pero ganamos. Por eso al presidente ya no lo veremos admirar a Margaret Thatcher, y la diputada Sabrina Adjmechet tuvo que borrar más de una publicación en su cuenta de X. Solo queda esperar que en las próximas horas el canal oficial de stream Carajo! elimine la publicación en la que se refiere a Puerto Argentino como Puerto Stanley.

No estamos hablando de fútbol cuando decimos que cualquier dirigente que quiera tener al menos un mínimo de apoyo popular tendrá que apoyar la causa Malvinas, como hicieron los jugadores. Y yo celebro que el gobierno lo entienda.

Ahora deberá hacer lo mismo con la causa del empleo, la usura, el modelo especulativo rentístico y el costo de vida. Sino la cosa va a seguir más o menos como hasta ahora.

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