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La pelota no se mancha (el negocio tampoco)

Por Francisco Monzón (@flmonzon).

Somos espectadores del Mundial de fútbol más importante de la historia. El que más equipos reúne, el de mayor cantidad de partidos, el que más espectadores convoca en los estadios y en los livings de todo el mundo. También es la primera Copa del Mundo que se disputa simultáneamente en tres países.

Si me permite, estimado lector, me voy a corregir: no solo somos espectadores, también somos protagonistas. La tecnología hoy nos permite generar y compartir contenido que, salvando las enormes distancias que existen entre Lionel Messi y cualquier vecino del conurbano sur bonaerense, compite en la biosfera digital con las imágenes que produce la FIFA, una de las mayores multinacionales del entretenimiento.

Hay un dato que ayuda a comprender cómo la tecnología transformó la organización del mayor evento deportivo del planeta. Las selecciones de Francia, Rumania, Bélgica y Yugoslavia tardaron aproximadamente quince días en llegar a Uruguay para disputar el Mundial de 1930. El viaje se realizó a bordo del transatlántico Conte Verde, que zarpó desde Génova y arribó a Montevideo el 4 de julio.

Una vez iniciado el torneo, en Europa los resultados llegaban a través de los diarios con, al menos, un día de demora. La información viajaba mediante cables telegráficos submarinos. Las transmisiones por onda corta permitían que algunas emisoras de radio captaran relatos en vivo o recibieran los resultados casi instantáneamente, aunque con una calidad que dependía de las condiciones atmosféricas.

Durante décadas, con la televisión consolidada como medio hegemónico, la pantalla del televisor fue prácticamente sinónimo de fútbol.

Hoy el escenario cambió por completo. La FIFA ya no comercializa únicamente los derechos para la televisión abierta o por cable. También vende licencias para plataformas de streaming, radios, YouTube, TikTok y otras redes sociales, además de derechos específicos para exhibición pública en bares, hoteles, restaurantes, centros comerciales, aviones y cruceros. El Mundial dejó de distribuirse por un solo canal para convertirse en un producto diseñado para circular simultáneamente por decenas de plataformas.

Pero además de lograr que veamos a la pelota rodando por todos lados, la tecnología también transformó el propio juego.

En este Mundial se utilizan pelotas con sensores que envían información sobre posición, trayectoria y fuerza de impacto que recibió. Cámaras de alta velocidad e inteligencia artificial analizan los movimientos de los futbolistas para construir avatares tridimensionales que permiten resolver posiciones adelantadas en cuestión de segundos. Incluso se incorporan cámaras corporales para mostrar determinadas jugadas desde la perspectiva de los árbitros.

Como ocurre con otros grandes espectáculos, en este Mundial resulta casi tan importante lo que sucede dentro de la cancha como lo que ocurre en las tribunas, en las casas o en las calles. El torneo está batiendo récords de tráfico en internet gracias al contenido generado por los propios espectadores.

Crónicas, reacciones, análisis tácticos, notas de color... la cantidad de material compartido resulta inconmensurable. Un gol filmado desde una tribuna, los festejos de Bangladesh por una victoria argentina o el abrazo que provoca un gol de Messi en un bar de Canning terminan formando parte del mismo fenómeno global. Todo suma. Todo circula. Y las métricas de los videos verticales en plataformas como Instagram y TikTok vuelven a romper récords.

En cuanto a la forma de acceder a los partidos, también se observa un cambio profundo. Si bien en Argentina la televisión sigue ocupando un lugar central, en Brasil se desarrolla un fenómeno que toda la industria observa con atención.

Casimiro Miguel Vieira, conocido como Cazé, comenzó hace pocos años como streamer en Twitch. Asociado con la agencia de marketing deportivo LiveMode consiguió los derechos para transmitir gratuitamente los 104 partidos del Mundial a través de su canal de YouTube, CazéTV.

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El partido entre Brasil y Japón alcanzó los 21 millones de dispositivos conectados en simultáneo, convirtiéndose en la transmisión en vivo más vista de la historia de YouTube.

Los montos pagados por esos derechos permanecen bajo reserva, al igual que el modelo de negocios que sostiene semejante inversión. Lo que sí trascendió es que, compitiendo directamente con la televisión abierta, CazéTV perdió contra TV Globo pero duplicó la audiencia del tradicional canal SBT, algo impensado hasta hace pocos años.

Para dimensionar el fenómeno, sería como imaginar que el canal AZZ, de Flavio Azzaro, transmitiera todos los partidos del Mundial por YouTube compitiendo de igual a igual con Telefé o la TV Pública.

En la estrategia de Google de convertir a YouTube en la nueva televisión, el caso CazéTV representa un verdadero punto de inflexión.

Las claves de este cambio parecen estar en los hábitos de consumo de las generaciones más jóvenes. Prefieren el tono descontracturado del streaming, donde pueden interactuar con los conductores, antes que sentirse simples usuarios de una gran corporación mediática. El chat en vivo fortalece esa cercanía y el estilo termina de consolidarla: en los partidos nocturnos de CazéTV los conductores transmiten en piyama.

Hace casi un siglo, las noticias del Mundial llegaban a Europa con días de demora. Hoy cualquier hincha puede transmitir desde su teléfono celular y compartir imágenes que recorren el mundo en cuestión de segundos. La tecnología marca el ritmo del deporte y del negocio. Los jugadores siguen corriendo detrás de la pelota, pero todo lo que gira alrededor de ella cada vez les queda más lejos: plataformas, algoritmos, derechos audiovisuales y millones de pantallas que transforman al Mundial en algo mucho más grande que un simple campeonato de fútbol.

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