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El ajuste, los nuevos progres y los goles del gobierno para su tribuna

Por Manuel Nieto (@NietoManuelOk).

Milei está operando sin anestesia. No puede ser una sorpresa para nadie. El Presidente lo dijo en la campaña electoral. Es cierto, motosierra en mano, gritaba que el ajuste lo iba a pagar la casta. Pero siempre quedó claro que bajarles el sueldo a los diputados o sacarles los choferes eran solo gestos de la “guerra contra la casta”, nada más. La “normalización” macroeconómica la están pagando principalmente los jubilados, con salarios mínimos de 150 dólares en un país en el que el cortado en jarrito ya sale dos dólares.

Si se tratara de un gobierno tradicional, quedaría claro que se le está yendo la mano con el ajuste. Lo dijo esta semana el ex ministro de Economía Domingo Cavallo, un ídolo de Milei, emblema de las recetas ortodoxas. "Respecto a la baja de inflación va mejor de lo que había pensado. Pero en el aspecto que es muy preocupante es en el nivel de la actividad económica: la caída es muy grande. Tienen que buscar formas de atenuarla sin resignar la lucha contra la inflación", sostuvo. Y agregó que los sueldos “están extremadamente bajos en términos de precios de los bienes” y pidió “ajustes mensuales” a los jubilados atados a la inflación.

En la misma línea que Cavallo se expresó el FMI. La portavoz del organismo, Julie Kozack, recomendó al Gobierno de Milei que el ajuste “no recaiga desproporcionadamente sobre las familias pobres y trabajadoras”, que se preserve “el valor real de las jubilaciones” y que se destine ayuda adicional para los sectores más vulnerables. Así que Cavallo y el FMI son los nuevos progres que le piden a Milei que pare la mano.

A mí no me gustan los golpes bajos pero tengo que decir que esta semana vi más de una persona de clase media llorando por la crisis. Es algo que está pasando. Les cuento la escena del jueves: una mujer atajó al intendente de Almirante Brown, Mariano Cascallares, después de la apertura de sesiones del Concejo Deliberante, cuando ya casi no quedaba nadie en la Casa de la Cultura de Adrogué. No era una militante, sino una vecina de a pie, que llegó hasta esa zona coqueta con unas sandalias chatas que le combinaban con la cartera. Frente a Cascallares rompió en llanto mientras repetía “no me alcanza”. El intendente la consoló y la derivó con un colaborador.

No es nuevo esto. Desde hace más de un año que los estudios de opinión pública que se hacen con grupos de personas registran llantos. Porque no alcanza, porque comen peor, porque abandonan la prepaga, porque tienen que cambiar de colegio a los hijos. El deterioro agónico de los últimos años, con el período enloquecedor para la macroeconomía que fue la gestión (siempre en campaña) de Sergio Massa, ahora toca un pico más dramático.

La actividad acumuló una caída del 5% en los últimos tres meses, la construcción cayó en enero un 10%, la industria también cayó… el economista Leandro Ziccarelli estima que esta baja es de alrededor de un punto del PBI en enero, que se suma a la caída de cinco puntos de los tres meses previos. Otro dato: bajó un 7% el consumo de remedios recetados. Es decir que muchos pacientes, entre los que la mayoría son jubilados con ingresos licuados, están dejando de tomar sus pastillas porque no les alcanza para pagarlos. Toda esta colección de números y la mujer llorando en Adrogué son caras de la misma moneda.

El Gobierno está convencido de esta receta y ve como una buena señal la baja en la cotización del dólar de esta semana. Pelea por mantener el superávit fiscal y destaca un panorama de orden financiero. Cuenta con que habrá una recuperación en “V”, es decir un aumento de la actividad relativamente rápido, después de este momento de crisis aguda.

Mientras tanto, el Presidente va metiendo goles para su tribuna. Porque, como todos sabemos, el ajuste es más sabroso cuando cierran la agencia Télam, los diputados y senadores tienen los sueldos congelados, el Salón de las Mujeres de la Casa Rosada pasa a llamarse de los Próceres (anunciado un 8 de marzo), y el Presidente Milei lleva su batalla cultural contra “los zurdos” a su antiguo colegio secundario, donde fue víctima bullying. Para Milei, las revanchas son como los gustos: hay que dárselos en vida.

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