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La Argentina pendular en la que siempre nos pasamos tres pueblos

Por Manuel Nieto (@NietoManuelOk).

La Argentina pendular quedó ilustrada esta semana en la total falta de reacción del Gobierno de Javier Milei ante la epidemia del dengue. El gabinete nacional y el ministro de Salud, Mario Russo, se mantenían en silencio no por vergüenza ante la falta pericia que están demostrando ante esta crisis sanitaria, sino por convicción.

La salud corresponde a las provincias. La eventual compra de vacunas para inmunizar a la población también. Que se arreglen los gobernadores. Así se podría resumir el mensaje del ministro Russo, que finalmente salió a hablar luego de que lo retaran gente del propio palo, como el periodista Eduardo Feinmann.

No es solo la ideología minarquista (de un Estado con funciones mínimas) la que guía este comportamiento; también está la cuestión pendular. La gestión del Gobierno de Alberto Fernández de la pandemia, con la extensa cuarentena, los sinsabores del plan de vacunación y las fotos de la fiesta en Olivos, generó un efecto traumático para el peronismo. En ese marco de descontento social y bronca surgió el liderazgo de Milei. Así que si el kirchnerismo se puso ropa sanitarista, ahora La Libertad Avanza se pasa tres pueblos en sentido contrario: el Gobierno Nacional declara que la salud pública no es su problema.

La misma bipolaridad la vemos también en la política internacional. Venimos de la retórica antiimperialista setentosa del Kirchnerismo, la instalación de la base China en la Patagonia y la reunión en la que Alberto Fernández le prometió a Vladimir Putin que Argentina sería la puerta de entrada en América Latina para Rusia. Y hace unas horas lo vimos al Presidente Milei disfrazado de militar, viajando a Ushuaia para compartir un acto con la general estadounidense Laura Richardson. ¿Corresponde que un Jefe de Estado como Milei se desplace para ver a una figura que está tan por debajo de su investidura como una representante militar extranjera? En cualquier caso, el Presidente utilizó la ocasión para seguir enviando señales de su alineamiento total con Estados Unidos.

Y en economía es donde más veletas somos. El malogrado gobierno del Frente de Todos puso al rojo la maquinita de emitir dinero durante la pandemia y nunca más la paró. Cuando la agarró Sergio Massa, la utilizó para financiar su campaña de forma alevosa: reducciones de impuestos (como el de Ganancias) y suba del gasto, como si tuviéramos bolsillo de payaso. No podía terminar bien.

Así que vinieron Milei y Caputo con el equilibrio fiscal como obsesión y el “no hay plata” como bandera. Motosierra y licuadora. Por ahora los mercados festejan el clima del ajuste. Pero a nivel productivo la recesión es durísima, con caídas fuertes de los salarios y las jubilaciones. Incluso podrían deteriorarse todavía más con las subas de tarifas de abril y mayo. El gobierno puede relativizar estos dramas y confiar en la pronta recuperación, pero uno de los problemas está en el desplome de la recaudación de impuestos. Así, el objetivo del equilibrio fiscal se aleja, demandando más ajuste. Y ese ajuste extra implicaría más recesión y, lógicamente, más caída del gasto. Es como un perro que nunca llega a morderse la cola. En el lomo de ese perro bipolar y probablemente clonado estamos todos. No queda otra más que agarrarse fuerte.

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