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Cristina al servicio de Milei

Por Manuel Nieto (@NietoManuelOk).

El Gobierno obtuvo esta semana una trabajosa victoria en la Cámara de Diputados, que le dio media sanción al paquete de la Ley Bases. Ahora llegará la batalla final en el Senado, donde el oficialismo y sus aliados del PRO tendrán que hacer un mayor esfuerzo para ganarse el voto (o las abstenciones o ausencias) de los legisladores que responden a los gobernadores, mayormente del peronismo. Ningún analista está en condiciones de arriesgar a ciencia cierta si la Ley Bases sale o no sale, o incluso si se modifica. Se espera, sí, una definición ajustada, por lo que su suerte dependerá en gran medida de la pericia de los operadores del Presidente Milei.

Tiene razones Milei para un moderado optimismo de cara a las próximas semanas. Ya quedó atrás el capítulo de la masiva marcha universitaria, que fue transversal entre amplios sectores de la clase media, y que significó un cachetazo para el Gobierno. Pero la taba empezó a darse vuelta el sábado pasado, con el regreso de Cristina Kirchner a los escenarios. Esta vez en Quilmes, con La Cámpora como principal bastón de apoyo y un ligero destrato al gobernador Axel Kicillof. En su largo discurso por la inauguración de un –cuándo no- Polideportivo Néstor Kirchner, atacó al Gobierno de Milei por su obsesión por el equilibrio fiscal y hasta ensayó una defensa del déficit.

Para el oficialismo, esa aparición de Cristina fue una bendición. Le permitió apelar, con sus dirigentes y comunicadores, a la fórmula más taquillera de los últimos 11 años en la Argentina: el anti-kirchnerismo sin matices. A Sergio Massa le sirvió para ganar las elecciones de medio término en 2013, a Macri y Juntos por el Cambio para coronar en 2015, 2017, 2021 y también para gobernar: en aquellos tiempos, la maquinaria de Marcos Peña y Jaime Durán Barba apelaba a las novedades de las causas judiciales contra el kirchnerismo para contrarrestar las malas noticias económicas. Cuántos meses de gobernabilidad le pagaron a la Presidencia de Macri aquellos bolsos de José López en el convento de General Rodríguez o los videos de los Báez contando plata (todos hechos de corrupción aberrante, por cierto).

Con Cristina en el centro de la escena será siempre más fácil para Milei, que lo tiene claro y hasta deseó a cielo abierto que sea ella quien lo enfrente por el peronismo en las elecciones de 2027. Solo fantasías futuristas. Pero para cualquier intento de oposición no-kirchnerista es un momento incómodo: entre la espada libertaria y la pared camporista. Apelando a que no haya lugar para las medias tintas, La Libertad Avanza continúa en su proceso de fagocitación del PRO. Resisten, por ahora, los radicales y los peronistas dispersos como Miguel Ángel Pichetto.

La principal herramienta de presión para Milei sigue siendo la opinión pública, amparado en su imagen positiva superior al 50%. Por eso Santiago Caputo, su principal asesor político y en materia de comunicación, trabaja obstinadamente para tener un par de balas por semana, mostrar gestión y trazar una línea divisoria con “la casta”. En muchos casos son anuncios que quedan en la nada: que a nadie le extrañe que el Gobierno deje dormir la promesa de auditoría sobre “los curros” de las universidades nacionales, el cierre del 40% de los registros del automotor o el recurso ante la Justicia que anticipó Manuel Adorni esta semana para bloquear el impuesto a los combustibles que empezaron a cobrar los intendentes, ahorcados presupuestariamente a raíz del ajuste del propio gobierno. Lo importante es generar un tema y después otro y después otro, porque difícilmente algo dure más de 24 horas en la agenda vertiginosa de las redes.

La receta tiene ingredientes rudimentarios pero efectivos: ajuste a los hachazos, antikirchnerismo ortodoxo y trolls florencientes en las redes para bancar hasta que baje la inflación. Y a rezarle a la recuperación en V.

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