Los recientes acontecimientos que vuelven a poner a Venezuela en el centro de la escena internacional resuenan con fuerza entre quienes debieron dejar su país y hoy viven en distintas localidades de la región. A la distancia, venezolanos que se encuentran desde hace años en la región siguen cada novedad con atención, atravesados por sentimientos encontrados que van desde la expectativa hasta la desconfianza, después de años marcados por la crisis.
Venezolanos en la región: voces que miran a su país entre la esperanza y la cautela
Vecinos venezolanos que viven en la Zona Sur compartieron con El Diario Sur sus miradas sobre el presente de Venezuela.
En diálogo con El Diario Sur, varios vecinos coincidieron en que la situación actual puede representar un primer paso hacia un cambio, aunque advirtieron que se trata de un proceso largo y complejo. Mientras mantienen lazos familiares y afectivos con su tierra natal, muchos de ellos afirman que hoy su vida está en la Argentina, donde encontraron estabilidad y contención, sin dejar de mirar con preocupación y esperanza el futuro de Venezuela.
“Son sentimientos encontrados, pero creo que empieza a hacerse justicia”
En el marco de los acontecimientos recientes que vuelven a poner a Venezuela en el centro de la escena internacional, Lisandro Rumbos, vecino de Monte Grande y dueño del local gastronómico “El sazón de las chama’s”, expresó una mezcla de emociones al referirse a la situación que atraviesa su país de origen. “Contento por un lado, triste por otro. Son sentimientos encontrados”, resumió en diálogo con El Diario Sur.
Para Rumbos, los hechos actuales representan un primer paso después de años de dolor. “Creo que se empieza a hacer justicia, porque han hecho mucho daño. No solo él, sino las otras personas que quedaron en el poder todavía”, afirmó, en referencia a la dirigencia política venezolana. “Esperar, por lo menos un primer paso, que ha sido positivo. Y lo demás, ahora hay que ver, esperar”, sostuvo.
Radicado en Monte Grande desde hace más de tres años, Lisandro explicó que su proyecto de vida ya está en la Argentina. “Irnos no es el plan. Aquí ya nosotros nos radicamos, empezamos a hacer nuestra vida, que nos ha ido bien gracias a Dios”, señaló, y destacó especialmente la solidaridad recibida: “El pueblo argentino nos ha tendido una gran mano”.
Si bien no descarta volver a Venezuela de visita —“todavía tenemos familia allá”—, fue contundente al hablar de un regreso definitivo. “Volver a empezar, no creo. Es muy difícil, porque esto no es de ahorita para ahorita. Es un proceso muy largo y apenas comienza”, sostuvo.
En su análisis, Rumbos remarcó que la reconstrucción del país demandará transformaciones profundas. “Reactivar Venezuela es empezar de cero en todos los ámbitos. Hay mucha corrupción y una mentalidad muy pobre todavía. Todas esas cosas hay que cambiarlas”, afirmó, y dejó un mensaje dirigido a sus compatriotas: “Cada uno de los venezolanos tiene que poner un granito de harina para mejorar”.
"Todos los días es un reto sobrevivir"
Por su parte, Juan Carlos González, es un vecino de Lanús que llegó desde Venezuela hace pocos años. Y también vive estos momentos con incertidumbre, aunque consideró que "es lo mejor que podía pasar". Al momento de describir cómo se atravesó el instante de detención de Maduro, fue elocuente: "La noticia fue recibida mediante una llamada a las 3am de un amigo en Venezuela diciendo 'se metieron los gringos... está toda Caracas bombardeada'. De inmediato me levanté a buscar en Internet si había algo publicado y existia gente en Tik-Tok haciendo Lives de cómo estaba el cielo y los helicópteros".
Dentro del panorama dantesco, indicó como positiva la situación. "Ese regimen ya estaba actuando de manera descarada. Gente muriendo de hambre y ellos haciendo reportajes que todo está muy bien y todos sabemos la verdad, que todos los días es un reto de sobrevivir", puntualizó.
Sobre su vida en Argentina, donde está junto a su familia desde 2023, agradeció la oportunidad y valoró su trabajo siendo mecánico, actualmente con labores en el conurbano bonaerense.
Sin embargo, piensa en su madre, que todavía está en el país caribeño. "Es algo duro pero tuve que dejarla un tiempo para poder mantenerla y con el fin de traerla pronto para que viva cómoda mientras se arregla todo en Venezuela", completó.
“Me desperté con miedo y terminé llorando de emoción”
Hace casi siete años que Ayanelsy Vizcaya vive en San Vicente. Llegó desde Venezuela en 2019, con la idea de quedarse apenas un año. La crisis política, económica y social de su país ya era asfixiante, pero nadie imaginaba que una pandemia terminaría de sellar su destino en la Argentina.
Antes de emigrar, trabajaba como marinera, tanto en el ámbito estatal como privado. “Era un sueldo que alcanzaba”, recuerda. Sin embargo, el deterioro cotidiano fue empujándola a irse. El acceso a la comida estaba estrictamente controlado: días y horarios según el número de documento, colas desde la madrugada y cantidades mínimas por persona. “Podías pasar horas para que te digan que solo quedaba harina”, cuenta. Conseguir leche, productos de higiene o combustible se volvió una odisea.
Ayanelsy llegó sola, para probar suerte. Sus hijos quedaron en Venezuela, al cuidado de la familia. Con el tiempo, dos de ellos lograron reunirse con ella en el país. “Trabajo de lo que sea. Desde el primer día hasta hoy, siempre trabajé”, dice. En La Plata intentó estudiar enfermería, pero durante la pandemia volvió definitivamente a San Vicente, donde encontró mayor tranquilidad y mejor trato.
El sábado pasado, tras la caída de Nicolás Maduro, el teléfono la despertó antes del amanecer. Llamadas entrecortadas, falta de señal y miedo. “Pensé que le había pasado algo a mi mamá”, confiesa. Minutos después, un mensaje de su hermana cambió todo: “Vamos a ser libres”. La emoción fue inmediata. “Lloré mucho. No perdíamos la fe de que alguien se preocupara por los venezolanos”, relata.
Hoy, agradecida por la Argentina, Ayanelsy no piensa en volver a vivir en su país. Aunque sufrió episodios de discriminación, destaca haber hecho siempre “todo en regla”. Sus hijos, más jóvenes, sueñan con regresar algún día. Ella no: “Yo me quedo acá. San Vicente es mi lugar”.
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