EDITORIAL

Sobre confianzas y desconfianzas

La palabra confianza tiene cuatro acepciones en el diccionario de la Real Academia española: a) Esperanza firme que se tiene de alguien o algo. b) Seguridad que alguien tiene en sí mismo. c) Presunción y vana opinión de sí mismo. d) Ánimo, aliento, vigor para obrar.
viernes, 30 de enero de 2015 · 00:00

También describe la aplicación del término "confiar" entre personas, y en la relación de personas y empresas e instituciones. Sin embargo, el diccionario no aclara cómo se construye esa confianza, ni cómo se logran acuerdos tácitos entre miembros de una misma sociedad. Tampoco cómo se alimenta, sostiene, o, cómo se pierde.

Nadie sube a un colectivo pidiéndole al chofer su registro profesional, ni la póliza de seguro al día. Nadie llega a una guardia y exige el título analítico del médico que lo atiende. Confiamos en las "instituciones" que los habilitaron a realizar y ejercer su actividad o profesión. Hasta aquí, parece una reflexión cuya simpleza abruma y aburre.

En el resto del planeta, la madurez de las comunidades la demuestran el peso de sus instituciones. Las sociedades que proyectan una mejor calidad de vida en el tiempo, aún en sus economías, han encontrado que las instituciones democráticas son la mejor herramienta para guiar la convivencia en comunidad.

La vida institucional de la Argentina estuvo plagada de situaciones que ameritarían pedirle el registro o habilitación a todos los que la detenten. Instituciones y ciudadanos vieron quebrada esa confianza en distintos tiempos y formas. Cada uno puede pensar y proponer distintos ejemplos; los "chicos" desmoralizan, los "grandes" asustan. Por estos días seguimos asustados. Intentando informarnos para saber de qué se trata, en el medio de la confusión que provoca no creer en nada ni en nadie, sospechados todos por intereses: individuales, mezquinos o corporativos.

Es responsabilidad primaria del ESTADO (con mayúsculas) reconstruir la confianza con los ciudadanos, porque hoy está minada. Estado no es sólo gobierno y grupo Clarín. Estado son también el colectivero y el médico. Todos somos responsables de cuidar nuestra Nación. Cuando perdimos la institucionalidad nunca nos fue bien, y vinieron "otros" a decidir "lo mejor" para nosotros.

La lucha en 1983 fue por la recuperación de la democracia, de sus instituciones. La recuperación de aquello que trasciende y permite confiar. La recuperación de la Justicia y la verdad encabezaban los anhelos.

Se nos hace cuesta arriba confiar. El camino de la reconstrucción lo deben marcar aquellos que fueron elegidos para representar a otros: delegados gremiales, presidentes de clubes, intendentes, diputados y senadores y la propia presidente de la Nación. Cada uno de nosotros debe reclamarla, y construirla a la vez.

En la Argentina del todo vale, aún en la vida cotidiana, en el más pequeño de los ejemplos en el que incumplimos o cada vez que "obviamos” una norma de convivencia, minamos la confianza del otro. Es tiempo de hacernos cargo del cambio.

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