También describe laaplicación del término "confiar" entre personas, y en la relación depersonas y empresas e instituciones. Sin embargo, el diccionario no aclara cómose construye esa confianza, ni cómo se logran acuerdos tácitos entre miembrosde una misma sociedad. Tampoco cómo se alimenta, sostiene, o, cómo se pierde.
Nadie sube a uncolectivo pidiéndole al chofer su registro profesional, ni la póliza de seguroal día. Nadie llega a una guardia y exige el título analítico del médico que loatiende. Confiamos en las "instituciones" que los habilitaron a realizary ejercer su actividad o profesión. Hasta aquí, parece una reflexión cuya simplezaabruma y aburre.
En el resto delplaneta, la madurez de las comunidades la demuestran el peso de susinstituciones. Las sociedades que proyectan una mejor calidad de vida en eltiempo, aún en sus economías, han encontrado que las instituciones democráticasson la mejor herramienta para guiar la convivencia en comunidad.
La vida institucionalde la Argentina estuvo plagada de situaciones que ameritarían pedirle elregistro o habilitación a todos los que la detenten. Instituciones y ciudadanosvieron quebrada esa confianza en distintos tiempos y formas. Cada uno puedepensar y proponer distintos ejemplos; los "chicos" desmoralizan, los"grandes" asustan. Por estos días seguimos asustados. Intentandoinformarnos para saber de qué se trata, en el medio de la confusión que provocano creer en nada ni en nadie, sospechados todos por intereses: individuales,mezquinos o corporativos.
Es responsabilidadprimaria del ESTADO (con mayúsculas) reconstruir la confianza con losciudadanos, porque hoy está minada. Estado no es sólo gobierno y grupo Clarín.Estado son también el colectivero y el médico. Todos somos responsables decuidar nuestra Nación. Cuando perdimos la institucionalidad nunca nos fue bien,y vinieron "otros" a decidir "lo mejor" para nosotros.
La lucha en 1983 fuepor la recuperación de la democracia, de sus instituciones. La recuperación deaquello que trasciende y permite confiar. La recuperación de la Justicia y laverdad encabezaban los anhelos.
Se nos hace cuestaarriba confiar. El camino de la reconstrucción lo deben marcar aquellos quefueron elegidos para representar a otros: delegados gremiales, presidentes de clubes,intendentes, diputados y senadores y la propia presidente de la Nación. Cadauno de nosotros debe reclamarla, y construirla a la vez.
En la Argentina deltodo vale, aún en la vida cotidiana, enel más pequeño de los ejemplos en el que incumplimos o cada vez que "obviamosuna norma de convivencia, minamos la confianza del otro. Es tiempo de hacernoscargo del cambio.






