Editorial

Los intendentes no lloran

En nuestra radio decidimos realizar una ronda de entrevistas a los distintos candidatos a intendente. Creemos que resulta mejor un encuentro individual con cada uno, en el que no hay temarios ni tiempos preestablecidos y sí la posibilidad de abrir las puertas al diálogo.

Los intendentes no lloran
El Diario Sur

Para evitar suspicacias voy a obviar losnombres propios para compartir algunas reflexiones que me dejaron alguno de loscandidatos que ya pasaron por la mesa de la radio.

Si bien es esperable que todos loscandidatos opositores suelan criticar al oficialismo en busca de diferenciarse,se dio hasta ahora una situación poco común: ninguno sostuvo posicionesencontradas ni irreconciliables con el oficialismo local. Todos coincidieron enpropuestas que podrían considerarse esperables para un político en campaña,desde que las campañas existen: "más seguridad, mejor educación, mejoratención de la salud". Alfonsín ya resumía en 1983: "...con lademocracia se come, se cura y se educa".

En las entrevistas, sin embargo, hubo undenominador común: la preocupación por el conflicto gremial en el policlínicolocal. Algunos le atribuían más responsabilidad al estado local que a losmédicos y otros a la inversa. La fragilidad y vulnerabilidad de quién necesitaatención médica y no la recibe, o la recibe de mal modo, no deja lugar asegundas lecturas. Así como las familias reconocían los reclamos de losmaestros de sus hijos pero no avalaron los paros docentes, hoy los médicos soncuestionados por los mismos pacientes, aún frágiles y vulnerables.

Quiero compartir lo que me produjo unsegmento de la entrevista que José Luis Barrio, nuestro director periodístico,le hiciera a uno de los invitados. El candidato contaba que en el encuentro conuna familia que había perdido a su hija en el hospital, se había conmovido ypuesto a llorar. Sensibilizado por el dolor ajeno y proyectando en su propiafamilia no pudo evitar el llanto. Cuando lo despedía del aire, José Luis,batallador de mil batallas, le dijo: "me voy a permitir un consejo: si soselegido intendente no podés llorar. Los intendentes no lloran". La fraseme invitó a pensar los porqués. ¿Por qué no debiera llorar un intendente?Seguramente por el mismo motivo por el que no debiera llorar un médico, aúncuando le comunica esa pérdida a la familia.

Creo que a la vocación y a las buenasintenciones hay que sumarle un plus para hacerse cargo de determinadas tareas.Creo también que no todos estamos preparados para afrontarlas, a pesar de quetengamos buenas ideas o posiciones y objetivos loables.

Los límites de la cancha los marca larealidad con la que enfrentamos cada partido. Es una realidad que no siemprenos deja margen de acción. A mí, por ejemplo, me hubiera encantado ser el 6 dela primera de Independiente, aunque nunca estuve ni cerca de serlo.

Nunca es triste la verdad, lo que no tienees remedio. Buena semana.