EDITORIAL

Sobre inseguridades y miedos

La inseguridad iguala y condiciona. Da lo mismo ricos y pobres a la hora de sentirse seguro, o inseguro.
miércoles, 25 de febrero de 2015 · 09:24

Vivimos desconfiando de los otros, observando sus movimientos, interpretando luces y sombras. Aún cuando los porcentajes y las estadísticas de nuestros distritos no arrojan números alarmantes, y están bajo la media histórica propia y del resto del conurbano y la Provincia de Buenos Aires; cuando un hecho de inseguridad nos afecta directamente, convierte aquel porcentaje en un 100% para el damnificado y su familia. Poco les importará si su caso está dentro, o fuera, de la media. Y es lógico.

Hace ya dos años Juan Carr viene proponiendo "veredazos". Se trata de un día de encuentro de los vecinos en las calles de sus ciudades, en todas las cuadras de los barrios de quienes decidan juntarse con sus vecinos a charlar y tomar mates en la vereda. Algo así como recuperar la antigua tradición que solo perdura en la vida de los pueblos del interior.

La propuesta de Carr empezó en una Rosario convulsionada por saqueos y droga con la idea de vencer los temores y "tomar" las calles como un espacio de todos.

Estamos encerramos, arrinconados, por nuestro temor creciente a la violencia y a los robos. Cada vez hay más miedo, y el miedo paraliza y nos deja dentro de casa.

Así le damos paso a los que hacen de la inseguridad un gran negocio, a los que siembran más miedos para cosechar beneficios propios. Peor aún son los políticos y dirigentes que utilizan la inseguridad de otros para sí, y hacen demagogia prometiendo planes que nunca difundieron o se sostienen como la única llave para solucionar el flagelo, siempre que sean "elegidos". Hay también quienes parecen regocijarse relatando y difundiendo el hecho "policial del día", y multiplican su propio morbo en la reacción temerosa de los demás...

Dicho todo esto parece una utopía la propuesta de salir y encontrarnos con los otros, con nuestros vecinos, con los que comparten nuestra comunidad. "El Veredazo no es un una protesta. Es una propuesta”, dice Carr. Tal vez, cuando logremos que estos días especiales de veredezos se conviertan en costumbre, habremos perdido miedos y recuperado nuestros espacios públicos. Algo así como "marcarle la cancha" a los que eligen vivir fuera de la ley y a los "vivos" que solo buscan beneficios personales en el dolor de los demás.

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