Desde la recuperación democrática la participación ciudadanaen los actos electorales rondó el 85% (85.61% en 1983, 84.55% en 1985, 84.34%en 1987). En la elección de 1995 comenzó una tendencia descendente (82.08%) quese acentúa en 2001 (73%) y no vuelve a recuperarse.
¿Acaso se trata del descrédito de la clase política? ¿Quégenera el desinterés de 700.000 porteños a la hora de votar? ¿Hay 700.000ciudadanos "silenciosos", o en realidad son "silenciados"?
Durante la dictadura comenzó a arraigarse la concepción del"sálvese quien pueda" al tiempo que se descreía de la clase política.Luego llegó Alfonsín, que representó la esperanza de empezar de nuevo.Esperanza que minó la obediencia debida y el punto final. Con la llegada a lapresidencia de Carlos Menem aquel descrédito se corporizó: prometía salariazo yrevolución productiva. Gobernó con Bunge y Born y el Fondo MonetarioInternacional, privatizó todo lo privatizable y más.
La historia reciente esmás alentadora. Del "que se vayan todos", pos fracaso de la Alianza,al kirchnerismo. Es paradójico que, aun cuando la politización de la políticaafloró en el país desde 2003, la participación de los porteños no acompaña o,peor aún, disminuye.
La clase política rompió la confianza y hoy no compiten niradicales ni peronistas en una de las principales cajas de resonancia del país,allí donde "atiende Dios". ElPRO ofrece continuidad apoyado en una obra pública vistosa pero cortoplacista.ECO es una gran incógnita. Un buenantídoto para reconstruir confianza sería acordar un código de convivencia,pero el de las normas no escritas. El del respeto al otro, el que buscatrascender como comunidad para que nuestros hijos disfruten de un país mejor.
Hay una clase políticaque abandonó el largo plazo, el valor de la coherencia, que no impulsa undebate profundo porque no lo puede sostener en el tiempo. Todo es inmediato yse prioriza el cotillón a las obras trascendentes. Y la gente lo ve y seharta tanto que es capaz de no ejercer el derecho, y obligación, de ir a votar.
En el"juego que jugamos todos" (la democracia) hubo más de 700.000jugadores porteños que no quieren jugar. Con otras reglas lograremos queesos jugadores que "se fueron" vuelvan ¿Quién gobierna y quiénes sonoposición? ¿Quién gestiona y quiénes controlan? ¿Quién legisla y quién impartejusticia? Un juego donde no dé lo mismo prometer y no cumplir. Donde laideología vaya de la mano de los valores y la corrupción se castigue sindilaciones ni excepciones. Un juego donde lo colectivo y el largo plazo seanprioridad.






