Así como Alberto Olmedo fue el precursor de los actuales PNTstelevisivos (publicidad no tradicional) cuando gritaba "savoy, savoy"parafraseando a la licorería de la Av. Callao; Martín Palermo incursionó en lapublicidad subliminal: cada vez que hacía un gol, lo festejaba arrojándose frente a un cartel de la empresa Puma, suprincipal sponsor. Lo que parecía una casualidad fue al tiempo descubierto comouna movida comercial, y Palermo recibió un llamado de atención de su club.Claro que después encontró otra manera de seguir "festejando": pateaba(y a veces rompía) el propio cartel de Puma en su carrera de grito de gol.Nadie podrá nunca demostrar a ciencia cierta si esa estrategia permitió generarmás ventas de zapatillas o botines Puma, pero sin embargo hubo allí unaintencionalidad (comercial de la marca y económica del jugador) que elespectador común desconocía.
Esta semana reflexioné acerca de la realidad real (de la queya escribí en otros editoriales) y la realidad virtual, por eso queríacompartir la anécdota de "los festejos interesados" de Palermo. Larealidad real de la imnensa mayoría de los asistentes o televidentes de susgoles era justamente eso: un festejo de gol. La virtual entraba por algúnvericueto de la mente: el mensaje de la marca, un logo, un dibujo, un color asociadoal momento de mayor felicidad de un partido de fútbol.
La realidad virtual de las redes sociales fue noticia estasemana. El gobernador Scioli acusó al macrismo de utilizar perfiles eidentidades truchas para denunciar con falsas imágenes las consecuencias de laúltima inundación en la provincia de Buenos Aires. Scioli ofreció pruebas decuentas apócrifas que reflejaban imágenes de inundaciones de otros países yhasta de su propia esposa en situaciones sociales de varios años atrás, con elobjetivo de mostrarle lejos e insensible al padecer de la gente. Nadadesgarrador, simplemente una truchada. Un intento de avivada criolla sinescrúpulos. Por otra parte, las inundaciones ya entegaban imágenes por demáselocuentes para no hacer necesaria tal maliciosa creatividad cibernética
El anonimato y la impersonalidad de las redes sociales sepuede retroalimentar en cobardías y agachadas. Yo prefiero firmar lo queescribo, hacerme cargo, disentir y discutir si es necesario, pero de frente ydecente. A veces leo comentarios en nuestra web, o Facebook o incluso en twitercon niveles de agresión, mentira e insulto que resultan absolutamenteinconducentes. Se desacreditan solos. Se empequeñecen. Hay que estar bienparado para defender una postura y discutir posiciones encontradas y ser muymediocre para esconderse en un perfil apócrifo.
El diario La Nación publicó un informe acerca de cuántocobran ciberempresas por mantener 20 perfiles truchos por mes: 50.000 pesoscada 30 días. Parece caro, aunque siempre habrá quien esté bien dispuesto apagar en el caso que la movida pueda desacreditar al rival de turno...
En todos los casos elijo quedarme con la realidad real.Estos ciber chusmas de hoy le darían vergüenza a las viejas chusmas de losconventillos de la Boca. Esas que nunca se desvivieron por las zapatillas Puma.






