A menudo nos sorprendemos de lo poco que se conoce la Argentina ala hora de publicar o, peor aún, al momento de fijar posiciones en mediosextranjeros. También nos gusta "mirar" cómo eligen presentar susnoticias, cómo se disponen a ejercer la profesión periodística y cuál puede serla influencia política o económica ante lo que se difunde (en la jerga:"lo que da o lo que no se da").
Esta semana comenzaron los debates de lasinternas presidenciales para las elecciones 2016 en los Estados Unidos. Allí sepresentan, en cuidadas y estudiadas performances, los precandidatos y se muevena su alrededor un sinfín de colaboradores, analistas, encuestadores, asesoresde imagen, esteticistas, etc., que buscan como optimizar y maximizar lasfortalezas de los candidatos y cómo eclipsar sus flaquezas y dificultades.
Resulta un "espectáculo" pensadoen el espectador/votante en una sociedad que hace de la libertad y lademocracia su bandera y que paralelamente no está obligada a participarmediante el voto. El cine y distintas series de consumo en nuestro paísreflejan ese "submundo" que sinembargo "pasa de largo" para la gran mayoría de los ciudadanos, peroque se convierte en clave para los que eligen el servicio público. Así aparecencolores amigables, distantes y agresivos; poses dominantes, defensivas yofensivas; ropas y peinados que comunican cercanía y humildad y otras quejuegan con la pretención aspiracional de quienes están mirando.
Esta semana me detuve en una informaciónque tuvo poca repercusión mediática y mucha política. Parece que una de lasclaves que explica el descenso en la intención de voto la histórica HillaryClinton fue un hecho que cualquiera de nosotros consideraría menor: usó su mailpersonal cuando era secretaria de estado. Ésto estaría hundiendo su campaña alpunto de obligarla a un pedido de perdón público.
Así de simple y sencillo. La esposa del expresidente Clinton, y funcionaria del presidente Obama, está seriamentecuestionada en el ejercicio de su tarea, por haber enviado mails oficialesdesde su cuenta personal y no la oficial. "Fue un error. Siento queocurriese. Admito toda la responsabilidad. Aunque lo que hice estaba permitidodebía haber usado dos cuentas, una para lo personal y otra para lolaboral", se defendió Hillary. Ante esta situación la oposición le cayó ala pobre esposa de Bill, exigiéndole la difusión de todos sus mails de losúltimos tres años (los de su cuenta privada y también los de la oficial). Ellaaccedió solo luego de seleccionar unos estrictamente personales que no salierona la luz pública. ¿Cuál es el eje del cuestionamiento? ¿Se trata de unaexageración? ¿Es una confabulación opositora para terminar con su carrerapolítica? Nada de eso. La respuesta es simple: los mails privados no tienen lasmedidas de seguridad de los oficiales y en consecuencia son posibles de serhackeados, y por allí circuló información clasificada...
Este pequeño "descuido" puedeacabar con la carrera presidencial de una dirigente histórica, que hasta hacepocos meses encabezaba la intensión de voto de su partido. No se habla decorrupción, ni de tráfico de influencias, ni de estafa, ni de malversación defondos, ni de nepotismo, ni de connivencia, ni de empresas truchas o facturascorrelativas. ¡Qué envidia!






