Todo indica que más temprano que tarde se levantará el bloqueo a la isla y allí tendrá el Papa Francisco uno de sus mayores logros político/religiosos.
El Papa genera furor por donde pasa. Con sus asumidasposiciones contraculturales, impulsa cambios y pone en debate temas que hacentemblar el conservadurismo clerical, pero también el reservado espacio de lospolíticos: en el Capitolio le pidió al Congreso estadounidense abolir la penade muerte, por ejemplo. En un histórico mensaje reclamó sobre la pobreza, elfundamentalismo, el cambio climático y el comercio de armas; todo antes dereconocerse como hijo de inmigrantes (tema sensible en estos momentos). Los máspuristas se detuvieron en que fue interrumpido 37 veces para recibir cerradosaplausos de los congresistas, mientras que los medios internacionales lopresentan como el hombre que revolucionó la religión católica.
Sin embargo, creo, que el verdaderorevolucionario fue su antecesor: Benedicto XVI cuando en febrero de 2013anunció su renuncia. Hoy parece un momento de la historia destinado a ser olvidado pronto. Esbueno señalar que ésta fiebre y furor francisquista fue propiciado por ladecisión de un hombre que, desbordado por la filtración de los Vatileaks y laimplicación de religiosos en numerosos casos de pedofilia, dijo: basta para mi.Supo que no estaba en condiciones de dar la batalla desde adentro y dio un pasoal costado, abriendo el camino a las reformas de su sucesor, fuera quien fuere.El alemán Joseph Ratzinger fue entonces el verdadero revolucionario. ¿Cuántospueden recordar a dirigentes, sea de la institución y/o posición que sea, queasuman públicamente sus límites para enfrentar las decisiones que se imponen?Estamos más acostumbrados a todo lo contrario. Aquella honradez religiosa,física (tenía entonces 85 años) o intelectual de Benedicto hizo posible a ésteFrancisco.
Algunos hablan de su discurso como el de unespecialista en marketing. Otros enumeran una larga lista de actitudes quehablan de una conducta genuina: la del hombre sencillo y simple que es yparece. No se queda en el discurso y hace de sus dichos ejemplo. Un ejemplo deliderazgo que se impone sin imponerse, que logra respeto sin proponérselo. Talvez ahí radique el no secreto de su mayor éxito.
Volviendo a la vida "terrenal", anuestro pago chico, esta semana se dieron una serie de sucesos que hicieron ejenuevamente en el policlínico Santamarina. Distintas familias que perdieron aseres queridos en el nosocomio de Monte Grande, aduciendo mala praxis médica,realizaron pintadas intimidatorias en las paredes internas y externas dellugar. Llaman "asesinos" a los médicos y los acusan de la figuralegal de "abandono de persona". En esta misma página fije mi posiciónacerca de los históricos conflictos que se dan en el Santamarina, confiando quesólo se saldarían cuando los médicos asumieran su juramento hipocrático. Miposición enojó a algunos profesionales que se dieron por aludidos, ya que nuncamencioné a alguno en particular. Creo que en el fondo se debate por la figurade lo público y lo privado. Médicos o maestros que extreman y conflictúanposiciones en su servicio en entidades estatales, callan y aceptan lascondiciones del sector privado: silencian sus quejan o las minimizan para"no poner en riesgo su trabajo". ¿Cuál es la diferencia? ¿Por qué ladiferencia? A simple vista salta la misión concreta de los servidores privados:ofrecen salud o educación y cobran por ello. Y para garantizar su serviciobuscan profesionalización y excelencia; y fijan reglas laborales claras y una"cadena de mando" de origen empresarial. Deben hacer de su empresa unproyecto económicamente sustentable. Y es una opción súper válida. En el otroextremo está la oferta pública estatal. Ese lugar donde no se paga y la líneade mando está más difusa, en una relación que entrecruza el poder y losintereses económicos, los corporativos y los políticos. Allí nacen los ruidosde quienes levantan la voz que callan en el sector privado, y que no reconocena los ciudadanos como parte de la cadena de mando.
Insisto. Cuando maestros y médicos vuelvana las fuentes, recuerden sus porqués vocacionales, y les de lo mismo trabajaren el hospital o la escuela pública que en los sanatorios y colegios privados,habremos dado el primer paso. Alguien tiene que empezar. Podríamos lanzar laconvocatoria: Nuevos Revolucionarios, se buscan.






