- "¿y qué sos, oficialista u opositor?
- "periodista".
- "si, si, entendí pero le preguntaes: ¿estás con el gobierno o en contra del gobierno?"
A esto quedó reducida la tarea de informary opinar. Y es mucho más que un debate dialéctico. Todos los que hacemosperiodismo padecemos el pecado original, y debemos definir rápidamente siestamos a favor o en contra, porque si no serán otros los que nos encasillen. Aveces resulta bastante infructuoso explicar la realidad:
- "desde esa mirada simplona (a favor o en contra) a veces me vas a encontrar afavor y otras veces en contra".
Ahí te miran con incredulidad. No solo note entienden, no te quieren entender. Y creen que es una respuesta (y posición)que forma para del "engaño" que nos tiene a todos a favor o encontra.
Desde los manuales no escritos delperiodismo, viejos tiempos en los que hacían periodismo aquellos que escribíanbien, o leían mucho, o se habían formado en ciencias o artes y tenían la"facilidad" de escribir o narrar, o simplemente daban bien en cámarao tenían buena voz; periodista era el que informaba y opinaba. El mensaje debíaser tan claro, riguroso, serio y responsable que el destinatario (lector,escucha o televidente) sabia con exactitud cuando el emisor informaba y cuandoopinaba. En consecuencia no eran muchos los que opinaban. La opinión estabareservada para aquellos que "sabían de verdad", que habían"vivido", que tenían un trayectoria y/o prestigio que no necesitabapresentaciones. El que informaba ponía en juego la mejor herramienta de sutrabajo : la credibilidad.
Con la revolución tecnológica aplicada alas comunicaciones todo esto cambió. El acceso a la información se masificó, sehizo "barato". Donde había un "cable coaxil" que permitíatransmisiones "en vivo", hay hoy mil satélites. Aquello que era carohoy es económico. Donde había pocos capaces de tomar la palabra para acceder aun medio de comunicación, hay hoy millones de personas que "subeninformación" con sus propios teléfonos celulares, y no solo a las redessociales sino también a los propios medios que los invitan a ser "suscronistas" ad honorem.
Aunquese profesionalizaron las carreras periodísticas y afines (productores,editores, reporteros gráficos, etc.), nadie se ocupó de"formar" nuevos televidentes, lectores, radioescuchas nicibernautas. Cada uno hace lo que puedecon lo que recibe. Y entiende que puede ser motivo de manipulaciones o engaños,pero trata de formar opinión y fijar posición en el medio de ese caos y seampara en el "a favor o en contra" según le convenga.
La noticia siempre será noticia, y su valorse potencia, o no, en el que la recibe, nunca en el que le emite.
La verdad y la realidad también.
Un buen ejercicio sería tomar cada páginaimpresa, escuchara conductores y locutores radiales, mirar televisión, leer sitios web o lasmismas redes sociales e intentar separar opinión deinformación y ambas de publicidad. Así descubriríamos menciones ociosas perorepetidas, podríamos individualizar productos y marcas que siempre están y tambiénveríamos personajes y discursos y "noticias" que se repiten. Mientrastanto siempre habrá noticias, marcas, personajes y discursos que pasan de largode los medios...
Recuerdo un día pegado a la radio,escuchando la previa de una final de Argentina cuando el comentarista me dedicóla formación: "para Ricardo, fana del rojo de Avellaneda que nos escuchasiempre: Pumpido, Brown, Ruggieri y Cuchiffo, Giusti, Batista, Enrique, Olarticoechea y Burruchaga, Valdano y Maradona". Recuerdo que aquello notenía precio.






