EDITORIAL

¡PERDÓN!, POR TANTA IGNORANCIA

El colectivo Ni Una Menos llegó para visualizar una situación despreciable: machos alfa agredían hasta la muerte a "sus" mujeres. En aquel momento, cuando nació este movimiento, se especulaba si se trataba de una situación nueva o se debía a que había más y mejores canales de difusión y menos miedo a denunciar.

¡PERDÓN!, POR TANTA IGNORANCIA
El Diario Sur

Algún distraído, tildó a "Ni Una Menos" como unamovida feminista. En esta misma página escribí, entonces, un editorial titulado"Ninguno menos", que hacía eje en mi opinión acerca de la violencia doméstica.Ninguno menos suponía un llamado, casi un pedido de auxilio, a parar eldesencuentro, la falta de educación y de valores que terminan enfrentándonosunos contra otros. Yo había elegido correrme en aquel entonces del género,poniendo el acento en la violencia puertas adentro de cada casa. Y como ejemplodel machismo berreta citaba algunas frases que todos tuvimos y tenemos más omenos cerca: "los hombres no lloran" o "esto es cosa dehombres".

A casi dos años, las estadísticas de mujeres muertas enmanos de hombres crecieron en forma alarmante. En algunos casos, en los queelijo evitar el morbo de describirlos, salvajemente alarmante.

Si la violencia es condenable en el formato que sea, laviolencia de género hacia las mujeres por hombres "más fuertes" o"superiores" es pre diluviano. A menudo todos coincidimos en condenaralgunas costumbres o religiones que le asignan a la mujer un rol de sumisión yaceptación del poder del hombre. El harem nos parece cosa de telenovelas,aunque sabemos que existen; la lapidación de las mujeres infieles nosestremece, pero la visualizamos bien lejos de casa. Sin embargo, en casa, laenfermedad e insania se presenta de otras formas. Formas por las que lasmujeres, por mujeres, terminan igualmente muertas.

Esto no es ya una cosa de mujeres, ni culpa de la difusiónmediática. Y resolverlo debe ser un tema de todos, sin distinción de sexo, edadni estatus social. Debe ser una política de estado para que se trate desde lasala de 3 años del jardín de infantes si es necesario. A menudo nos encontramoscon nuevos derechos que otrora parecían imposibles. La seguridad laboral es unejemplo. La evolución social y tecnológica reemplazó la fuerza bruta laboralpor el derecho a la salud de los trabajadores. Y esto no fue casual niespontáneo. Fue producto justamente de un proceso evolutivo"silencioso" pero incesante, y decidido, no casual. Leía los otrosdías una crónica sobre la construcción de la línea del subte A en la Ciudad deBuenos Aires. Es la más vieja de las existentes y una de las primeras deAmérica latina. Fue construida mayoritariamente por inmigrantes polacos y es la"menos profunda" a lo largo de todo su recorrido bajo la tradicionalavenida Rivadavia. La crónica, detallaba aspectos y tiempos de la construcción,describía al Buenos Aires del 1900 y, como al pasar, consignaba que durante suconstrucción habían muerto 78 trabajadores producto de desmoronamientos oaplastamientos. Se narraba así, como un dato duro más para una infografía... Hoy es impensado, ¿no? Ojalá llegue el día, yque sea más temprano que tarde, en el que recordemos con el mismo estupor untiempo en los que los hombres mataban a las mujeres.

Buena semana.