Algunos (los más benignos) dicen que el hombre se puso eltraje de provocador, discriminador e indeseable, sólo porque era lo que debíahacer para ganar. No sé muy bien si se trata de lecturas ingenuas ointeresadas. Sí, que son los que intentan bajar los decibeles del pánico quegeneró en mucha gente (que vive en EEUU y fuera de los EEUU) sobre lo que viene (lo que viene) de lamano de Trump. Supongamos que es así. Que Trump, asesorado por algún gurú de lacomunicación política, construyó ese discurso horrible y condenado por todoslos que se dicen gente de bien, en pos de ser elegido presidente. Sabiendo queasí, sí sería elegido presidente. Lo que no se analiza aún son los porqués delas cerca de 100 millones de personas que lo votaron. ¿Qué pasa con losmexicanos que votaron a un hombre que denigra a su país y a sus compatriotas?¿O las mujeres americanas que parecen aceptar sin más esta especie de machoalfa de la política? Los analistas internacionales hablan del voto de lasclases medias "blancas", y urbanas, que no habrían sido favorecidaspor la política económica de Obama. Y querían un cambio. Vaya cambio quevotaron.Desde este rincón del mundo creo humildemente que en realidad hubieron 100millones de personas que votaron aspiracionalmente. De algún modo se vieronreflejados e incluidos en el mensaje del odio, la discriminación y lasegregación, en pos de su beneficio personal. Casi 100 millones de americanosquieren en realidad ser multimillonarios como Trump, y sentirse superiores alos mexicanos, musulmanes y sirios, para refundar la "América para losamericanos". Algo parecido ocurrió en Gran Bretaña con el Brexit. Contratodos los pronósticos, los anglosajones decidieron dejar la Unión Europea,hecho que produjo la salida del primer ministro Tony Blair (ni más, ni menos).Los ingleses también eligieron "cerrar" sus fronteras. Parece que en el mundo se viven tiemposde nuevos muros, paredes y paredones.Nuestro país se construyó con gente que bajó de los barcos, tanto en el S XIXcomo en el XX. Eran tiempos en los que ser polaco, tano, judío o gallego noimplicaba discriminación alguna. Todos convivían en armonía y, todos, aportarona la construcción de los Buenos Aires cosmopolita y "europea" que aúnhoy sigue brillando. Los primeros vestigios de discriminación se vivieronluego, cuando los inmigrantes del siglo XX eran bolivianos, paraguayos,peruanos, chinos o coreanos. El gobierno nacional acaba de darle la bienvenida a 3000 refugiados sirios.Estemos atentos a no naturalizar lo indeseable. No le dejemos la puertaentreabierta los Trump.
Así las cosas, la única esperanza es Francisco.
Buena semana.






