Claro que lo más importante paralos grupos económico/mediáticos es que pasaron al archivo todas las propuestasde adecuación/readecuacón (las presentadas y las intimadas por no presentadas).Entre las últimas destaca como ejemplo emblemático la pelea del gobierno K y elgrupo Clarín.
Al respecto pensaba cuan volátil pueden serlas reglas del juego en nuestra Argentina. Independientemente de cuánto nospueda favorecer o perjudicar personal, institucional o empresarialmente, uncambio de gobierno puede modificar sustancialmente la construcción empresaria,la estrategia comercial o legal; y significar cientos de millones de pesosgastados (¿mal gastados?). Aunque ahora parezca lejano, y no se controle enninguna auditoría macrista, fueron cientos los millones de pesos que segastaron en la gestión de la ley de medios (equipos técnicos, extensoscronogramas y ciclos de difusión, discusión, debates y charlas en todo el país,comunicación de los alcances de la ley lograda, etc). Luego llegaron los otrosmillones que se llevó un interminable litigio (con prestigiosos bufetes deabogados, campañas del hoy olvidado 7DIC, etc.). Todo parece haber terminadocon los casi 700.000 votos de diferencia que hubo entre Macri y Scioli. ¿Yahora? Ahora no cantamos más el Himno de madrugada, y aquí no ha pasado nada...
Las estrategias que se dan los gobiernospara con los medios de comunicación suelen ser polémicas. El eje no está sóloen "lo que se comunica" o en el "cómo se comunica", sinofundamentalmente en la relación económica de los negocios satélites quepermiten la tenencia y/o el manejo de los medios. Esto es así en la Argentina yen todo el mundo. En el medio está la gente (lectores, televidentes,radioescuchas o cibernautas); que no siempre se entera y a menudo quedaatrapada entre intereses que no le son propios (y muy probablemente nunca loserán). "Gente" que recibe sin poder codificar las estrategiascruzadas de la política y los medios de comunicación.
Durante los años del menemismo, el gobiernose jactaba de una política de libertad de expresión sin precedentes. Y paraejemplificarla mostraba una y otra vezlas "caricaturas" a las que los medios sometían al mismísimopresidente de la Nación. Sin embargo, en silencio, perseguía judicialmente cadaopinión o crítica desfavorable. La estrategia del "ratifique" o"rectifique" hacía desfilar a los díscolos por Tribunales. Alguno lorecuerda hoy con humor, como un ex director de la revista Noticias, "cadaviernes a la noche, después de cerrar, salía de la redacción sabiendo que en lapuerta me esperaría el notificador judicial. Tanto es así que a veces hasta loesperaba yo a él..., cuando me cansé de ir a declarar, renuncié".¿Historias mínimas?
Buena semana.






