EDITORIAL

Condenados al éxito

"Nosotros deberíamos aclararle a la mayoría que el éxito es una excepción. Los seres humanos de vez en cuando triunfan. Pero habitualmente desarrollan, combaten, se esfuerzan, y ganan de vez en cuando. Muy de vez en cuando". Marcelo Bielsa

Condenados al éxito
El Diario Sur

- Por Matías H. Varela

"Nosotros deberíamos aclararle a la mayoría que el éxito es una excepción. Los seres humanos de vez en cuando triunfan. Pero habitualmente desarrollan, combaten, se esfuerzan, y ganan de vez en cuando. Muy de vez en cuando".- Marcelo BielsaNo hace falta aclarar, a esta altura del partido, que si elfútbol es el deporte más popular del mundo es porque es aquel que de manera máscruda, más literal, consigue sintetizar las pasiones, los vicios y las virtudesde la condición humana. Un equipo de fútbol es la mayoría de las veces unreflejo en caricatura, una sátira grotesca de la sociedad que lo engendró y queen él, aún a su pesar, se identifica.

Quizás bajo esa óptica se comprenda el presente de un equipoal que le toca, también a su pesar, ser la versión caricaturesca de un paístodavía joven, convulsivo y extremista; un país necesitado de una reparaciónhistórica, de un éxito absoluto e incontrastable que le devuelva el lugar quecree alguna vez haber tenido y que siente que merece. En su lógica binaria, laausencia del éxito reclama que se quemen las naves, que se derrumben hasta loscimientos, porque del segundo no se acuerda nadie y menos vamos a acordarnosnosotros. El fracaso –entendido como cualquier resultado distinto al éxitoabsoluto, al final de la historia- obliga a las decisiones drásticas ydescalifica desde las bases a todo proceso anterior.

Bastó un fracaso, el del ’82, para que la Selección mutasedesde el "toquen, toquen…no la quiero, nola quiero” con el que Menotti fundó escuela en el ’78, hasta el bidóncontaminado y el "pisalo, pisalo” deCarlos Salvador Bilardo, campeón en el ’86. Siempre existió un fracaso quejustificó quemar las banderas, mutar los ideales, abandonarlo todo.

Desde que asumiese Marcelo Bielsa como entrenador de LaRoja, el actual bicampeón de América entró en un proceso que le permitió a ungrupo excepcional de jugadores potenciarse bajo el paraguas de una idea dejuego que se mantuvo a través de cuatro entrenadores y dos presidentes de laasociación. Estos últimos, inclusive, de ideas claramente antagónicas, peroambos conscientes de ser parte de un proceso que los trasciende y que se basaen lo ya construido. Desde el 2010, esa selección fue eliminada dos veces enoctavos de final de la Copa del Mundo –las dos veces a manos de Brasil-, yotras dos veces estuvo a un penal de quedarse con las manos vacías de títulos.

En frente, nuestra "generación dorada”, finalista del mundoy dos veces de américa, parece empezar a retirarse sin pergaminos que mostrar ysin un legado sobre el que construir, a la espera de una nueva camada que tomela posta y empiece desde cero. El ‘fracaso’ en la última Copa América exige queotra vez rueden cabezas, una vez más embarcarnos en la tarea autodestructiva deno acordarnos de los que salieron segundos. En ese marco, la renuncia de Messitiene dos lecturas posibles. O es más argentino de lo que creíamos, y éltambién considera este subcampeonato razón suficiente para dispararse a lospies; o quizás el chico criado en La Masía, el que alguna vez dijo que le habíacostado 17 años y 114 días ser un éxito instantáneo, se haya dado cuenta de queno pertenece a esta Selección, ni puede ser parte de la caricatura de estasociedad "condenada al éxito”.