Editorial

De Victimas y Victimarios

Horacio Santos se hizo tristemente célebre el 16 de junio de 1990. Enceguecido por el séptimo robo del pasacasetes de su auto salió en busca de dos ladrones, e hizo gala de su capacidad de tiro. Los mató con precisión olímpica.

De Victimas y Victimarios
El Diario Sur

 Sólo dos certeros disparos, uno a la cabeza de cada ladrón.Quirúrgicos. Los cuerpos quedaron sentados en un viejo Ford Falcon con el queintentaban huir de la coupé Fuego de Santos. Los medios dijeron: "Santos,el ingeniero que mató a dos ladrones y dividió al país", e instalaron undebate que esta semana se reeditó.

Hay pocos temas que me generen posturas tan sinuosas, oencontradas, como éste. Sin embargo, tengo algunas certezas para compartir.

En la división nacional reeditada por el caso del cirujanode Loma Hermosa que mató a su ladrón cuando trataba de huir con su auto, tomanla posta nuevos y viejos conocidos. Desde Susana Giménez justificando lanecesidad de armarse para defenderse "tener un arma es la única formaporque la policía no hace nada", o el periodista Eduardo Feinmann:"murió en su ley, no jode más"; hasta los que eligen la prudencia ose declaran garantístas bajo el lema "ningún pibe nace chorro". Lapropia gobernadora Vidal, tomó postura al afirmar que en este caso había"una sola víctima": el médico (victimario).

Un capítulo aparte podría llevar el análisis y los porquésde alguien que juró proteger la vida, terminó con una.

Volviendo al caso Santos; por aquellos días se instaló undebate nacional acerca del significado, alcance y duración de un tipo desentimiento por muchos desconocido hasta entonces: la emoción violenta. Algoasí, como verse desbordado por una situación límite que puede sacar aspectos,rasgos y actitudes violentas sin la necesidad que uno lo fuera a priori.¿Cuándo se "calma" esa emoción violenta? ¿Hay un tiempo"standard"? ¿Habría tenido tiempo Santos de reaccionar en el frenesíde aquella persecución o el Dr. Cataldo mientras iba por el arma escondida (yhomicida)?

Lo cierto es que Santos declara que nunca más pudo tener unarma y refiere aún hoy múltiples efectos psicológicos de la tragedia que lotuvo como protagonista. Probablemente aquella inseguridad de los 90 y lospasacasetes de frente desmontable que terminaban en la calle Libertad, hoy sehaya multiplicado y diversificado en más y peor violencia. Sin embargo, Santosno puede volver a disparar.

Creo necesario aclarar que no pienso que debamos esperarcomo gacelas la embestida del león. Sí, que no quiero la ley de la selva, nilos códigos del "far west” hollywoodense.Como cualquier hombre que precie a sus seres queridos, seguramente seré capazde salirme de mis cabales ante una amenaza o riesgo de los míos. Pero nosignifica ir con un arma o practicar tiro, o esconder las balas del alcance delos niños.

Las armas tienen que estar exclusivamente en manosprofesionales. A sabiendas de lo mucho de profesionalismo que le falta a lasfuerzas de seguridad, y del alto nivel de desidia y corrupción que puedenreflejar; no elijo el ojo por ojo, el sálvese quien pueda, ni el "yo notiré primero". Se trata de una norma mínima de convivencia.

Los problemas son otros.Bueno sería que los enfrentáramos, que el Estado cumpla con su rol ygarantice una política de inclusión para que niños y jóvenes puedan elegir yque no sean las drogas o la ilegalidad el camino inexorable de unos cuantos.Tal vez, si logramos una sola ley, y no las que supone que coexisten Feinmann,habremos empezado un buen camino. El camino que cumple y respeta LA LEY.

Si nos armarnos para defendernos de nosotros mismos, podemosterminar aún peor. ¿Qué puede ser peor? Peor es: matando o muriendo.

Buena semana.