Manes recuperó a Sarmiento y dijo que suepopeya (la de alfabetizar a una población iletrada en el siglo XIX) fue muysuperior al desafío que nos toca hoy: el de formar ciudadanos en elconocimiento como antídoto de la pobreza, la desnutrición y el desempleo.
Manes habla de cuidar los cerebros denuestra gente, y pulsa una alarma cuando sostiene que ya no solo vemos de lejosel avance de los países desarrollados sino también el de nuestros vecinoslatinoamericanos.
En alguna oportunidad escribí en ésta mismapágina acerca de Sarmiento. De su recorrido y obra; de su obstinación y lucha constanteen pos del progreso de la Nación. Es un personaje aún hoy discutido por algunossectores (como la Iglesia Católica), sin embargo, su aporte en la construcciónde la Argentina como Nación es innegable. Amén de las múltiples anécdotas quelo describen como un personaje singular, Sarmiento sentó las bases de laeducación, la estadística, la investigación, el desarrollo fluvial y redferroviaria, etcétera.
Cabe señalar que Sarmiento fue una figuradiscutida también en su época, pero sin embargo decidía. No encuestaba. Teníaun proyecto de Nación en su cabeza producto de sus lecturas y distintos viajespor el mundo, y trabajó hasta el día de su muerte en implementarlo, enconvencer a sus detractores. Aunque no le fue fácil entonces (y hasta hoy se lodiscute), dejó un legado nunca igualado.
Nuestros políticos 2.0 del siglo XXI son bien distintos a Sarmiento.Miden cada cosa que hacen. No solo las decisiones de gestión. También suimagen, el impacto de su vestimenta, los colores que les sientan mejor, seenamoran de las compañías que los favorecen y se alejan de las que losdesfavorecen, entre otras costumbres.
Nuestros dirigentes políticos de hoyencuestan antes de opinar. Y luego opinan como si supieran, como si fueranverdaderos especialistas e investigadores, a sabiendas que la gran mayoría nosólo aceptará sus planteos, sino que los compartirá. Una especie de fórmula enlas que todos ganan (win/win).
Dicho así pareciera fácil gobernar. Encuestoy decido. Encuesto y ejecuto. Hasta se podría pensar: encuesto y rectifico (sitengo la grandeza de reconocer mis errores). Pasa que también se suelenconfundir en los laberintos de los intereses sectoriales, en las presionesgremiales, en las urgencias y el poder del lobby, y también en sus propiosegos. Todo esto suponiendo honestidad personal e intelectual.
En consecuencia tenemos dirigentes light.Que se acomodan. Que eligen a otros para dar sus peleas de riesgo, ya quecuando haya que retroceder nunca se verán afectados.
Hay pocos que se arriesgan a fundamentar unnorte. A ser contraculturales de la cultura que critican. Nuestros dirigentessuelen administrar obviedades y aún así, con todas las herramientas para noequivocarse, suelen protagonizar errores memorables. Cada uno de nosotros tieneejemplos a mano, más o menos recientes, más o menos impactantes, peroverdaderos.
Manes recuperó en Sarmiento la figura deaquellos dirigentes que "gobernaban para las próximas generaciones, nopara las próximas elecciones". ¿Dónde quedaron ellos?
Para cerrar, una anécdota con rigurosidadhistórica. Sarmiento llegaba a reunirse con Urquiza en el Palacio San José(provincia de Entre Ríos). Antes de entrar y contemplando la fachada les dijo asus acompañantes: "¿a ésto llaman palacio?" El hombre ya había estadoen Versalles.
Buena semana.






