Columnista |

Cambiamos de nuevo, ¿Y si empezamos a crecer?

De las 20 promesas que realizó Mauricio Macri en 2015 cumplió apenas dos. Argentina nos acostumbró a los “barquineos” políticos, a las medidas económicas según el color político y a estigmatizar gestiones anteriores solo por “anteriores”.

Estamos a horas de un nuevo golpe de timón.

Argentina nos acostumbró a los “barquineos” políticos, a las medidas económicas encontradas según el color político reinante, al cambio de reglas del juego mientras sucede el juego, a estigmatizar gestiones anteriores solo por “anteriores”.

El Estado no profesional que tenemos genera distintas capas geológicas de funcionarios públicos que cada político que asume critica, pero engrosa (irresponsablemente) antes de irse. Así resulta natural que “el que llega” no confíe en nadie “de los que están” y suele dedicar tiempo de más a desactivar los campos minados al tiempo que nombra gente de su confianza. Es que naturalizamos que el que se va desea lo peor para el que llega, sin reparar que en ese barco (que cambia de capitán y de tripulación) estamos todos. Deseable sería que en cada una de las áreas donde se definen las pequeñas y grandes cosas que afectan la vida de los argentinos, se haga una evaluación de cada acción o programa y se les de continuidad (o no) según el resultado de una medición seria y confiable. Eso hablaría de una madurez que no tenemos como sociedad, pero no está de más proponérselo.

Desde nuestro rol de comunicadores y periodistas tenemos la misión de seguir haciendo las preguntas incómodas, de cuestionar con argumentos, de no dejar pasar anuncios huecos (sea en contenidos y/o realización). La rigurosidad en el tratamiento de la información y su difusión generan opinión pública, y esto una situación que puede cambiar decisiones (muchas veces arbitrarias o inconsultas). Como ejemplo vale la marcha atrás de la Legislatura porteña en relación a una ley que habían votado, los 34 diputados del oficialismo de Larreta, solo 8 días antes. Se trata de la norma que cambiaba las condiciones laborales de los residentes y concurrentes médicos en los hospitales de la Ciudad. Marcha atrás que puede significar reconocer un error y rectificarlo (no es este el caso), pero también que la difusión y la toma de posición de los ciudadanos “marcaran la cancha” de quienes tienen la responsabilidad de conducir.

El presidente Macri hizo balance en cadena nacional. Con poco por destacar, sobresale su convicción que después de cuatro años como presidente del país, deja mejores condiciones para evitar que “los que vengan roben la plata de los argentinos”. No habló de un número tristemente coincidente: el 41. 41% fueron los votos que obtuvo en la elección general de octubre (más parecida a un balotage); y 41% son los pobres que deja en un país que tomó con 28% en diciembre de 2015.

Lo que se mide no se discute y para evitar ser leído con suspicacias decidí recurrir a la investigación que el sitio web Chequeado hizo acerca de las promesas y cumplimientos del gobierno que se va. Las 20 principales promesas que realizó Mauricio Macri en su camino a la Casa Rosada en 2015 se centraron en tres categorías: economía, infancia y educación y seguridad y narcotráfico. De esas propuestas que hizo en campaña Macri cumplió apenas dos, avanzó parcialmente en 9 y falló completamente en las otras 9. En su publicación, Chequeado enumeró las 20 promesas que hizo durante el debate presidencial previo al balotaje con Daniel Scioli (seguido por 5,5 millones de televidentes), que estaban también plasmadas en los documentos de campaña que presentó la alianza Cambiemos previo a las elecciones. En esa línea, el sitio web califica como “Cumplido” un “compromiso de campaña que se llevó a cabo en el plazo previsto”; como “Incumplida” una “promesa que tenía un plazo establecido que no se cumplió o los resultados muestran que la situación avanzó en la dirección contraria a lo previsto”; y como “Incumplida con avances” a una propuesta que “tenía una meta establecida que no se alcanzó, pero se registraron avances en esa dirección”.

Chequeado puso blanco sobre negro lo que todos los argentinos sabemos, aún quienes decidieron darle una nueva oportunidad (el 41% de los votos positivos de octubre pasado) confiando en su relato de los costos de la pesada herencia y del robo versus la honestidad.

No todo es tan blanco ni tan negro. Y aquí es donde el rol de los medios y el ejercicio del periodismo se hace vital. En esta línea trabajaremos también desde el 10 de diciembre; haciendo las preguntas incomodas que sean necesarias hacer, abriendo espacios de participación y comunicación para que los ciudadanos usen nuestros medios como un canal, investigando con rigurosidad, señalando deudas y también mostrando acciones y logros de los gestores públicos (no solo anuncios, ni promesas). En resumen: efectividades conducentes.

La revolución digital en la comunicación no permite que nadie pueda tapar el sol con las manos (nunca más), y eso es para celebrar.

Buena semana.

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