Editorial

¿Cuán ancha es la ancha avenida del medio? ¿O es que en realidad no existe?

Desde el sábado pasado la política argentina está en un hormiguero. La duda hoy es saber si nos quedamos con la opción de la grieta o crece una tercera vía.
domingo, 26 de mayo de 2019 · 00:00

¿Saben cuánto tiempo pasó desde el anuncio de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner sobre su integración como vicepresidente en fórmula con Alberto Fernández?

Sólo una semana. Parece más ¿no? Hace sólo siete días Cristina lo hizo otra vez, y se las arregló (solita) para patear el tablero y cambiar el mapa político del país.

Desde el sábado pasado la política argentina está en un hormiguero.

Por su lado, el gobierno acusó el golpe e intentó (sin éxito) instalar que Cristina se había bajado de la candidatura presidencia porque tiene miedo a perder. La estrategia oficial de la semana fue mostrar al presidente Macri en distintas fotos con otros dirigentes nacionales como el flamante reelecto gobernador de Córdoba Juan Schiaretti, el senador todo terreno Pichetto y el presidenciable salteño Juan Manuel Urtubey. Un trío con ambiciones de sentarse en el sillón de Rivadavia, visitaron la Casa Rosada, que se prestaron a las fotos de ocasión.

Por otro lado, Alternativa Federal estalló en 1000 pedazos. La prometedora tercera fuerza que integraban los propios Schiaretti, Pichetto y Urtubey junto a Roberto Lavagna, Sergio Massa, Miguel Lisftchiz y Margarita Stolbizer protagonizaron esta semana una verdadera comedia de enredos.

Lavagna ya venía avisando que no quería ser parte de una interna y que su voluntad de ir por la presidencia estaba condicionada a alcanzar un consenso. El tigrense y el cordobés decidieron no convocarlo a una reunión en la que se avanzaría con los lineamientos para acordar cómo sería la fórmula luego de las Paso. Y ardió Troya. Y se sucedieron idas y vueltas que sólo agregaron confusión. El lunes por la noche Lavagna daba por concluida su potencial candidatura por Alternativa Federal y presentaba en sociedad su propio espacio: Consenso 2019. Sin embargo, el martes después de reunirse con el senador Pichetto dejó entreabierta la puerta. La postura de Massa, Urtubey y Schiaretti parece definitiva: Paso entre todos (incluido Lavagna si quiere) y luego respetar el armado “que decida la gente” (una de las frases preferidas de Massa). Los socialistas santafesinos y el GEN de Stolbizer ven (en silencio) a Lavagna como un mejor candidato, mientras Pichetto hace lo que más sabe: negociar. En los hechos, las encuestas que manejan demuestran que Lavagna solo araña un 10% de intención de voto. Un sector del lavagnismo acusa a Massa y Schiaretti de ser funcionales al gobierno: “ellos dicen ser oposición pero en realidad lo único que quieren es que no gane Cristina y aquí debiera estar toda la oposición unida para ganarle a Macri el gobierno. El objetivo que todos debiéramos tener es ganarle a Macri, no que no vuelva Cristina, ese es un problema de Macri que sólo busca más grieta para polarizar”.

Las encuestas de esta semana, luego del anuncio de la fórmula Fernández Fernández, le otorgan  un porcentaje cercano al 30%, mientras tanto el presidente Macri estabiliza su caída en intención de voto. Para sepultar definitivamente el plan V, Marcos Peña hizo correr un globo de ensayo: la fórmula oficial sería Macri/Vidal, algo que no fue bien recibido en La Plata: “habíamos quedado en reforzar la candidatura de María Eugenia a la reelección para despejar dudas y mandar un mensaje claro a los mercados y ahora salen con esto?”

Última reflexión para analizar el vídeo de 12 minutos en los cuales (insisto: hace solo una semana) la expresidenta pateó el hormiguero político y desató los tiempos electorales. Eligió un tono calmo y amigable, sólo confrontó con adjetivos negativos para valorar la gestión macrista, no se dejó ver en imágenes actuales para apoyarse en algunas que recordaban hitos de su gestión. Cristina quiere mostrarse evolucionada y componedora. Afirma haberle pedido Alberto Fernández que sea candidato a presidente, constituyendo un ejemplo inédito en el mundo donde un vicepresidente define al presidente. Quiere dar una señal de humildad y desapego por el ejercicio voraz del poder, apoyando a un dirigente que castigó duramente su gestión.

La carrera electoral se desató y ya nada la podrá detener. Ahora empiezan a vislumbrarse los egos vanidades e individualismos cada uno de los dirigentes que quieren gobernar nuestro país. ¿Sería una utopía pensar en una concertación como la de Moncloa española que describimos hace una semanas? La duda hoy es saber si nos quedamos con la opción de la grieta (con el país dividido en dos partes casi iguales) o crece una tercera vía. Esa nueva “esperanza blanca” de la ancha avenida del medio que vienen sosteniendo muchos pero nadie cristaliza...

Buena semana

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