Editorial

Todos juegan para boquita

Macri hace hoy paralelismo entre su presidencia con aquel primer gobierno en Boca y espera que lo mejor este por venir... Aunque en el fútbol el que sigue dulce es River, en política todos juegan para Boquita.
domingo, 02 de junio de 2019 · 10:17

A menudo el Presidente Macri dice que su vocación por la política e interés por lo público lo descubrió en Boca Juniors. Ya de grande. Allí tuvo tiempos (1995/2007) y gestiones (3), bien distintas. En la primera se dio un buen porrazo (milenials googleen): armó un equipo de superestrellas (con Maradona y Caniggia a la cabeza) que no brilló, y donde el cabaret (que le puso el mote de “el cartonero Macri”), le marcó la cancha señalándolo como outsider.

Desesperado por no volver al holding familiar con un fracaso a cuestas, buscó luego “técnicos garantía” como Bilardo o Veira que tampoco funcionaron. Con el barco casi naufragando fue en busca de una figura identificada con la contra, Daniel Passarella, que le dijo: “no gracias”; hasta que se topó con uno de sus mesías: Carlos Bianchi (aclaro que comparte terna con Marcos Peña y Jaime Durán Barba). Bianchi cambió la fórmula empresaria que Macri le había impreso a la gestión: fútbol/empresa. Para ello había reclutado entre las empresas de su padre algunos alfiles a los que la ecuación trabajo/pasión les hizo perder miles de dólares anuales de bono pero ser más felices cuando vinieron las buenas en el verde césped. De ese grupo se destaca el poderoso Andrés Ibarra, “nuestro Riquelme” según repite entre los suyos el propio Macri. De la mano de Bianchi vinieron los triunfos deportivos y éxitos económicos que lo catapultaron a la jefatura de gobierno porteño.

Después de 8 años cruzó la plaza de Mayo hasta Balcarce 50, donde llegó anunciando una revolución de alegrías y lluvia de inversiones, pero transita (3 años y medio después) en medio de devaluaciones varias, ajustes varios, desempleo creciente, pérdida del poder adquisitivo y récord de planes sociales. La contracara es: “los K eran peores y nos llevaban a la Venezuela de Maduro”. Los discursos “anti” suelen generarme mucha indignación, a veces son capaces de desear y justificar la desgracia ajena como tal de llevar agua para su molino.

Macri hace hoy paralelismo entre su presidencia con aquel primer gobierno en Boca, barrio de donde nunca saca uno (o los dos) ojo y espera que lo mejor este por venir...

Para que ello suceda deberá ganar en octubre y/o en el balotage de noviembre, caso contrario el 9 de diciembre será por el resto de su vida el peor día del año (recordar “y va el tercero, va el tercero” de Madrid 2018).

En esta línea, la última semana le dio a Mauricio Macri algunos motivos de celebración. De repente las desiciones de algunos de sus competidores se amoldaron a sus necesidades. Por un lado la definición de la fórmula Fernández/Fernández aseguraría el piso duro K del 25/28%. Por otro no aparece ninguna opción concreta que enamore a los defraudados por Cambiemos. Podría haber sido Lavagna encabezando Alternativa Federal, pero Massa y Schiaretti se ocuparon de “esmerilarlo” mandándolo a competir en las PASO. Marcos Peña y Jaime Durán Barba están a medio paso de mantener disperso al PJ, y para eso contaron con tres invalorables colaboradores: Pichetto, Urtubey y Schiaretti (capitalizador del fastidio que la expresidenta despierta entre los cordobeses).

Massa es tal vez el más sinuoso de la ¿alternativa federal?

De hecho, alguno de ese espacio lo acusa de estirar las definiciones a la espera del llamado de su otrora mentor: Alberto Fernandez. Dicen que el anuncio del último lunes de Kiciloff/Magario a la provincia fue consecuencia de la ira de Cristina Kirchner, cuando le contaron las versiones según las cuales Massa estaba esperando que ella desista también de la candidatura a vicepresidenta para integrarse luego a Unidad Ciudadana en las PASO.

Así las cosas festeja Cambiemos: con un peronismo fracturado la única preocupación oficial es unificar al antikirchnerismo.

La semana tuvo también como protagonistas a los radicales que, tras variopinta convención, esperan (como Penélope?) que el Presidente les conceda el segundo lugar de la fórmula...

¿Y Lavagna? Parece destinado al destierro de su nuevo espacio llamado Consenso 2019, que a propósito de la realidad también podría llamarse “Las aventuras del llanero solitario”. Lavagna se pensaba candidato a presidente con Massa pretendiendo la gobernación de la provincia de Buenos Aires. Esa composición sería la más peligrosa para las ambiciones reeleccionistas de Macri y Vidal. Las encuestas de intención de voto hicieron sonar las alarmas de la Casa Rosada, que por unos días temieron que el crecimiento Lavagna/Massa pudiera dejarlos fuera del balotage.

Mientras tanto, el socialismo de Lifschitz negocia cada vez con menos fuerzas. Sólo esperan que la paridad de género termine colocando a su socia Margarita Stolbizer en alguna de las fórmulas (presidencial o bonaerense).

Aunque en el fútbol el que sigue dulce es River, en política todos juegan para Boquita.

Buena semana.

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