Editorial

Sean bienvenidos a la era digital

La irrupción política, mediática y social de conceptos como posverdad, fake news y desinformación contaminó a todos los países del mundo.
domingo, 21 de julio de 2019 · 00:00

A pesar de toda la información disponible a partir de la irrupción de las redes sociales, cada vez es más difícil conocer qué es verdadero, falso o en qué medida algo es verdadero o falso. La irrupción política, mediática y social de conceptos como posverdad, fake news y desinformación alcanzó a todos los países del mundo.

La posverdad es la forma de describir aquellas circunstancias en las cuales los hechos objetivos verificables son menos relevantes que la apelación a las emociones o las creencias personales de los receptores del mensaje. La verdad solo tiene, a diferencia de la posverdad, una única presentación.

Las fake news son noticias, imágenes u otro tipo de contenidos falseados con intencionalidad. La creación de falsedades con intencionalidad forma parte de la historia de la comunicación y de lo que somos como sociedad. La propaganda (como mentira organizada) siempre formó parte de la política y su uso busca conseguir algún tipo de ventaja sobre los adversarios. En cada época se ha utilizado la tecnología existente para difundir falsedades, desde la imprenta, el telégrafo, la radio, la aviación y el cine, hasta los recursos de Internet.

La velocidad de difusión de las fake news y la desinformación ha contaminado la comunicación, la política, la economía, el pensamiento, las decisiones y la vida familiar.

La cantidad y calidad de la información a la que podemos acceder como ciudadanos influye en cómo percibimos y comprendemos la realidad, tomamos decisiones y, en definitiva, nos comportamos. La posverdad y las fake news suponen una dificultad muy importante a la hora de diferenciar hechos reales de hechos de ficción cuya difusión persigue otros objetivos.

De desinformación hay numerosos ejemplos, no sólo en la política, con riesgos para individuos y sociedades. Existen campañas de desinformación a gran escala e impacto relacionadas con el cambio climático, hechos de corrupción, el uso de armas, los medicamentos genéricos, el origen de enfermedades, etc., que amenazan con reconfigurar la percepción de la realidad social por parte de los receptores y pueden modificar la convivencia social.

El problema real no radica en que la verdad sea lo opuesto a la mentira, sino en que la opinión es elevada a la categoría de verdad. Esto encarna un grave riesgo porque la libertad de opinión es una farsa si no se garantiza la información objetiva y no se aceptan los hechos mismos.

Un nuevo estudio realizado por académicos del MIT encontró que las noticias falsas se difunden más rápidamente en Twitter que las reales. "Encontramos que la falsedad se difunde significativamente más lejos, más rápido, más profundo y más amplio que la verdad, en todas las categorías de información y, en muchos casos, en un orden de magnitud", dice Sinan Aral, profesor de la Escuela de Administración del MIT.

Estas conclusiones arrojan luz sobre aspectos fundamentales de la comunicación on line, ya que la difusión de información falsa no se debe esencialmente a los bots programados para difundir historias inexactas. En cambio, las noticias falsas se aceleran alrededor de Twitter debido a las personas que retuitean noticias inexactas. "Cuando eliminamos todos los bots en nuestro conjunto de datos, las ​​diferencias entre la difusión de noticias falsas y verdaderas se mantuvieron", dice Soroush Vosoughi, coautor de la investigación. El estudio proporciona una variedad de formas de cuantificar el fenómeno: por ejemplo, las historias de noticias falsas tienen un 70% más de probabilidades de ser retwiteadas que las reales. Cuando se trata de las cadenas de Twitter o de retweets no interrumpidas, las falsedades alcanzan una profundidad 20 veces más rápida que los hechos reales comprobables.

Para llevar a cabo el estudio, los investigadores rastrearon más de 126.000 noticias que se difundieron en Twitter, las cuales fueron tuiteadas de forma acumulativa más de 4.5 millones de veces por aproximadamente 3 millones de personas, desde los años 2006 a 2017.

Para determinar si las historias eran verdaderas o falsas, el equipo utilizó las evaluaciones de seis organizaciones de verificación de hechos y encontraron que sus juicios se superponían en más del 95 por ciento del tiempo. De las 126.000 noticias, la política comprendió la categoría más grande, con cerca de 45.000, seguida por leyendas urbanas, negocios, terrorismo, ciencia, entretenimiento y desastres naturales.

La difusión de historias falsas fue más pronunciada para las noticias políticas que para las noticias en las otras categorías. Los resultados finales producen una pregunta básica: ¿Por qué las fake news se propagan más rápidamente que la verdad en Twitter? Los investigadores sugieren que la respuesta puede residir en la psicología humana: nos gustan las cosas nuevas. "Las noticias falsas son más novedosas y es más probable que las personas elijan compartir información novedosa, aún cuando no puedan determinar su veracidad", dice Aral. Y en las redes sociales, las personas quieren llamar la atención siendo las primeras en compartir información previamente desconocida (sin importarle que posiblemente sea falsa).

Educar a los ciudadanos en la nueva era digital constituye el principal desafío para decidir y elegir con libertad.

Buena semana.

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