Editorial

Las PASO (que no definían nada) definieron todo

Sabía que el voto castigo a la gestión del presidente Macri le iba a significar un golpe en las PASO, sin embargo los números finales del escrutinio provisorio no sólo lo golpearon: lo dejaron knock out. Los mercados hicieron de las suyas, devaluando sin piedad a los argentinos (una vez más).
domingo, 18 de agosto de 2019 · 08:00

¿Quién se acuerda de la pelea entre veganos y gauchos? ¿Y del minuto a minuto de la nueva vida argentina del jugador italiano Danielle De Rossi?

El domingo pasado titulé este espacio: “la verdadera campaña, empieza mañana”. Sabía que el voto castigo a la gestión del presidente Macri le iba a significar un golpe en las PASO, sin embargo los números finales del escrutinio provisorio no sólo lo golpearon: lo dejaron knock out.

La avalancha de votos a favor del cambio (en renovada y encontrada versión 2019) no la vieron venir ninguno de los encuestadores, ni los think tank de los principales candidatos. Todo lo que sucedió desde las 18 horas del domingo (cuando cerraron las urnas) hasta el lunes por la tarde es indigno de la democracia en la que creemos (al menos algunos). Los primeros números oficiales se comunicaron casi 5 horas desde del cierre de los comicios, sólo después que un Macri groggie se hacía cargo públicamente de “una mala elección”, en un búnker que se desinflaba como sus globos y archivaba las coreografías y bailecitos bailanteros. Macri mandó a su gente a dormir mientras el resto (que no teníamos la información oficial que evidentemente él sí), queríamos simplemente conocer los resultados.

El lunes los mercados hicieron de las suyas, devaluando sin piedad a los argentinos (una vez más). El dólar voló, la bolsa argentina cayó, las tasas superaron el 100%, los pronósticos optimistas de la inflación en baja se archivaron, las acciones de las empresas argentinas en el mundo se hundieron... todo esto fue a la siguiente jornada bursátil (la del viernes 9) en la que se anunciaba un rotundo apoyo de los mercados a nuestro país. Una vez que cerraron los mercados el lunes 12 Macri salió (secundado por Pichetto) a culpar al casi 70% de los argentinos que no lo votaron, anunciando el no cambio de gabinete y una especie de: “vieron lo que pasó con la respuesta del mundo a lo que ustedes votaron?”

Luego hubo rectificación: “Quiero pedirles disculpas por lo que dije el lunes; sepan que los entendí. El lunes estaba muy afectado por el resultado del domingo, sin dormir, triste por las consecuencias, pero prioricé atender a la prensa", señaló en un mensaje guionado y grabado. En el mismo anunciaba una serie de medidas que (en teoría) se apoyaban en ese entendimiento: a su saber y entender la ciudadanía estaba ahogada (económicamente hablando). "Hay argentinos que dijeron no puedo más, sintieron que lo que les pedí fue muy difícil, fue como trepar el Aconcagua y hoy están cansados, agotados, llegar a fin de mes se transformó en una tarea imposible y ya no saben donde más recortar, de que más privarse", terminaba Macri su nuevo mensaje como si se tratara de alguien distinto a sí mismo 24 horas antes.

Mientras tanto, ante tanta confusión, los medios reflejábamos la necesidad de los ciudadanos de tener certezas (al menos alguna). Y esa búsqueda nos llevaba a hacer guardia frente a la casa y oficina de Alberto Fernández, pidiéndole definiciones que no tenía, ni podía dar. A esa instancia, ni siquiera había hablado con el Presidente Macri, que había “nos había asegurado”: 5000 pesos a fin de mes para los bolsillos de empleados públicos; 1000 más para los tenedores de planes sociales; el no pago del canon para los monotributistas (por el mes de agosto); el congelamiento de los precios de la nafta usando la misma ley de abastecimiento que había denostado durante el kirchnerismo y el congelamiento de los intereses en los créditos UVA. En resumen: una aspirina para un cáncer.

De repente el jueves por la mañana, Alberto Fernández dijo: “creo que el dólar a 60 pesos estaría bien”. El tiempo conformará si los “problemas del dólar” se tratan exclusivamente de la economía o la política... los que siguen esta columna saben lo que pienso.

Las PASO que no definían, nada definieron todo. Teniendo en cuenta que el gobernador bonaerense que se elige en octubre gana por un voto, los 20 puntos de diferencia entre Kicillof y Vidal son irremontables. Habemus nuevo gobernador. Casi tan irremontables como los 15 puntos que separaron a Alberto Fernández de Mauricio Macri, que a estas horas debiera preocuparse más en gobernar para todos los argentinos que en hacer una nueva campaña electoral.

Su única estrategia fue polarizar, polarizar y polarizar. Esperando que la opción Mauricio/Cristina le diera un segundo mandato. Claro que no vio venir a Alberto Fernandez candidato y como consecuencia el apoyo de gobernadores PJ que no cerraban con las ex presidenta, ni a Sergio Massa con su casi 10% de votos.

Durán Barba había pronosticado: la gente elegirá entre la decepción (Macri) y la corrupción (CFK). Pero una jugada política de Cristina le quemó todos los papeles y Carrió (a los gritos) lo mandó de vuelta a Ecuador (dejó el país el jueves por la tarde).

Una vez que los mercados asuman el nuevo mapa político y se aquieten, Lavagna tiene una misión: hacer en octubre la elección que lo instale como el líder de la oposición.

Buena semana.

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