Editorial

Plan económico, se busca

Al asumir el propio Macri pidió ser “evaluado como presidente” por la evolución del índice de pobreza. Y de la lectura de estos números se explica alguno de los porqués del resultado de las PASO.
domingo, 25 de agosto de 2019 · 07:00

El INDEC publicó esta semana que en la segunda mitad de 2018 aumentó la pobreza y la indigencia: el 32% de las personas está por debajo de la línea de pobreza y el 6,7% por debajo de la línea de indigencia.

Al asumir el propio Mauricio Macri pidió ser “evaluado como presidente” por la evolución de este índice. Y de la lectura de estos números también se explica alguno de los porqués del resultado de las PASO.

Los números de la pobreza e indigencia comenzaron a publicarse en 1988 aunque se estima que durante el gobierno de Alfonsín la pobreza bajó en sus primeros años de mandato para subir notoriamente en los últimos meses de gestión. Según el Centro de Población, Empleo y Desarrollo de la Universidad de Buenos Aires, en octubre de 1982 (14 meses antes de la vuelta a la democracia) la pobreza llegaba al 21,6% de los hogares, mientras que el mismo mes de 1985 (ya con casi dos años de mandato radical) bajó al 14,2 por ciento. En mayo de 1989 (dos meses antes de dejar anticipadamente el poder) subió al 19,6% de los hogares y en octubre de 1989, apenas dos meses después de la asunción de Menem, al 38,3%.

Los economistas vinculan directamente los procesos hiperinflacionarios con el crecimiento de la pobreza. El 3079,5% de inflación de 1989 se espejó en una pobreza que llegó al 47,3%. Convertibilidad mediante, en mayo de 1995 este número bajó al 22,2%. Sin embargo, en el segundo mandato de Menem, la pobreza volvió a aumentar. En octubre de 1999 la pobreza afectaba al 26,7 por ciento. Durante la presidencia de De la Rúa aumentó nuevamente y alcanzó en octubre de 2001 (dos meses antes del helicóptero) el 35,4%. Pasaron los tres presidentes en una semana hasta que en mayo de 2002 (mandato de Eduardo Duhalde) la pobreza llegó al 49,7 por ciento. El gobierno de Kirchner logró bajar el indicador llevándolo al 26,9% en el segundo semestre de 2006. Después llegaría intervención del INDEC en 2007 y de su mano la sospecha de la manipulación de datos que obligó a buscar fuentes alternativas como el informe anual de la UCA. Cristina Fernández de Kirchner asumió en diciembre de 2007 y según la UCA logró bajar el indicador casi 9 puntos. Sin embargo, en su segundo mandato la pobreza habría aumentado cerca de 2 puntos. Así, en el total de su mandato, la pobreza habría bajado de 37% a fines de 2007 a 30% a principios de 2015. El proceso de baja se interrumpió cuando reapareció la inflación.

A comienzos de 2016 la tasa de pobreza alcanzó el 31,4%, mientras se estima que en diciembre próximo superará el 36% producto de la nueva devaluación post PASO.

La economía de nuestro país no resiste análisis de ningún premio Nobel.

Si bien la globalización generó que cualquier impacto mundial afecta directamente a los países subdesarrollados o en vías de desarrollo (como el nuestro) desestabilizándolos, en la Argentina el pulso económico/financiero está directamente relacionado con la política.

El presidente Macri eligió los mercados e intentó abrir el país al mundo a la espera de llegaran inversiones genuinas que nunca llegaron. Sí llegó la especulación financiera de capitales golondrina, de esos que entran y salen de los países según más les convenga. Esos capitales no entienden de patriotismo, ni de épica o patria. Sólo buscan la mayor rentabilidad posible. Allí donde esté, irán. Para luego retirarse cuando “el negocio corra riesgos”. Hoy están en retirada.

La economía de la Argentina necesita un Estado presente. No se banca las reglas del mercado, porque estas no sólo significan: competitividad, oferta y demanda. Siempre gana la especulación. De los capitales extranjeros que especulan y también de los capitales del empresariado local (que también especulan). Así, gran parte de los 57.000 millones de dólares del mayor rescate financiero en la historia del FMI, se fueron y seguirán yendo atrás de otros negocios financieros. Lejos quedaron las premisas comprometidas para su otorgamiento. Hoy es utópico pensar en la meta “deficit cero”, ¿no?

Con inflación proyectada del 50% para 2019, tasas de interés descomunales, depreciación del peso, incremento de la deuda pública y desconcierto generalizado: se impone un plan. Que venga de la mano del apoyo político que logre la gestión elegida en octubre. El flamante ministro Lacunza fue claro en sus objetivos: mantener el dólar dentro de la nueva banda 57/63 pesos y cumplir con los pagos para no caer en default.

El resto lo tendrá que resolver el que venga...

Buena semana.

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