Editorial

La épica se diluye cuando se aleja de la realidad

Rodeados de globos multicolores juraban que no ajustarían, ni privatizarían, ni devaluarían la moneda. Las PASO de agosto terminaron con el relato M y llegó la tercera devaluación en tres años. Para octubre falta mucho y nada. Igual que para el 9 diciembre.
domingo, 01 de septiembre de 2019 · 08:00

En diciembre de 2015 Cambiemos asumía anunciando la revolución de la alegría. Rodeados de globos multicolores juraban que no ajustarían, ni privatizarían, ni devaluarían la moneda.

En este sentido, una de las primeras tareas que tuvo a cargo el entonces ministro Prat Gay fue salir del cepo y acordar con los fondos buitres. Alfonso lo hizo, y para mediados de mayo de 2016 lograba sacar pecho entre el “mejor equipo de los últimos 50 años”. No era poco. Era un grupo de funcionarios con estrellas y egos que nunca les permitieron ser un equipo. 

El jefe de gabinete, Marcos Peña, repetía que el kirchnerismo les había dejado una tormenta perfecta y que “ahora no se miente más. Transparentemos el INDEC, liberamos el dólar y honramos nuestras deudas soberanas. Ahora vamos a empezar a crecer.” Para eso habían también impulsado la primera devaluación de la gestión que, en el medio de tanta expectativa, la ciudadanía aceptó como quien paga el costo para mejorar.

De repente la Argentina parecía abrirse al mundo, a un mundo distinto al elegido por el kirchnerismo. Macri pasó por Davos y luego generó acuerdos bilaterales con Francia, Alemania, Estados Unidos y España. Había un nuevo mundo que nos prometía lluvia de inversiones, e instalación de nuevas empresas pero pedía algo a cambio. Había que asumir algunos costos: garantizar seguridad jurídica para las inversiones a largo plazo, actualizar las tarifas de los servicios públicos subsidiados, “desgrasar” el Estado de ñoquis y construir estadísticas rigurosas.

Todo mientras la justicia parecía despertar de un letargo acomodaticio, y empezaba a hacer desfilar por los tribunales a ex funcionarios K de distinto rango, especie y calibre. Todos sospechados de corrupción o mal desempeño como funcionarios públicos. 

Así, se iba construyendo el relato M. Porque también hubo un relato M, de eso no tenga dudas amigo lector.

El relato del sentido común, que estaba vacío de contenido pero levanta la bandera de: “nosotros o Venezuela”, “la esperanza o los 70 años de corrupción”, “los argentinos unidos somos invencibles”, etc. 

En diciembre del 16, Peña echó a Melconian del Banco Nación y a Prat Gay de Economía. A este último lo acusaba de “tener ambiciones políticas”. Parece un chiste, pero no le fue. Brindo por ministros de economía con ambición política y no por los que la desprecian porque corren mucho mas riesgo de equivocarse y ser insensibles a las necesidades de la gente.

En paralelo la lluvia de inversiones brillaba por su ausencia; esperamos un “segundo semestre” que nunca llegó; después algunos dijeron ver brotes verdes que tampoco crecieron. Mientras tanto, el ajuste de las tarifas hacía estragos en los bolsillos y empujaba hacia arriba todos los índices y costos formadores de precios. La consecuencia: inflación.

Inflación y recesión. Y pérdida de poder adquisitivo. En tanto, el relato M convocaba a poner el hombro para no volver al pasado de la mentira y la corrupción K, que se amplificaba en casos rimbombantes con actores protagónicos como el del corrupto Lopez, sus bolsos, las mojas y el convento.

El gabinete empezó a crujir. El Ministerio de Energía, liderado por el ultra liberal Juan José Aranguren, había logrado bajar en casi 20 puntos porcentuales el subsidio estatal a las tarifas de luz y gas (hoy se subsidia más que durante el kirchnerismo). Sin embargo, la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, aumentaba un 10% los alcanzados por los planes sociales.

Nadie quería ver que el plan económico estaba haciendo a costa de la gente, y el oficialismo de Cambiemos hizo kirchnerismo (pero con perfil bajo): mejoró subsidios y amplió beneficiados.

La elección intermedia de 2017 significó un nuevo espaldarazo para un gobierno que empezaba a mirar con desconfianza la confianza que le tenían los mercados. De repente la volatilidad del dólar y el crecimiento de las tasas nos dejó menos manos de la especulación, y llegó la segunda devaluación macrista. Otra vez, un poco más pobres. El relato pedía nuevamente esfuerzo, y pensar en las próximas generaciones: “hay que hacer el esfuerzo para nuestros nietos como lo hicieron nuestros abuelos para nosotros”, argumentó el presidente Macri. Como si “nosotros” estuviéramos bien...

La historia reciente habla de nuestro casamiento con el FMI, que acordó el mayor salvataje financiero del mundo: 58.000 millones de dólares. Entre los puntos acordados hubo ítems de imposible cumplimento desde el momento cero.

Las PASO de agosto terminaron con el relato M. Y llegó la tercera devaluación en tres años. Cada vez más pobres. Hoy estamos mirando cómo reaccionan nuestros socios internacionales ya que ninguno de los tres firmantes del acuerdo original con el FMI continua en funciones. Christine Lagarde renunció al cargo de directora después de que los jefes de estado de la Unión Europea la eligieron para ocupar la presidencia de su Banco Central; Federico Sturzenegger volvió a dar clases de economía en la Universidad San Andrés y Nicolás Dujovne renunció por carta...

Para octubre falta mucho y nada. Igual que para el 9 diciembre.

Buena semana. 

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