Editorial

¿Será que el mundo está recalculando?

En tiempos donde la información circula a velocidad inusitada, el periodismo es quien debe chequear, analizar, investigar, cuestionar y controlar a nuestros gobernantes. Esta semana el mundo crujió (políticamente hablando), en distintos continentes.
domingo, 29 de septiembre de 2019 · 10:07

La semana pasada tuve la oportunidad de participar de la asamblea de ADEPA en Santiago del Estero, donde, además de elegirse autoridades, sucedió (como es habitual) un interesante intercambio entre editores de diarios de todo el país. Independientemente del alcance y tirada de cada publicación (estuvieron allí representados todos los diarios nacionales, otros locales o regionales como los nuestros), los responsables de editar diarios en la Argentina coinciden mayoritariamente al evaluar las dificultades, al proyectar salidas y diseñar estrategias futuras.

Todos coinciden en que uno de los grandes problemas que enfrenta el periodismo profesional son las fake News (noticias falsas), impulsada con facilidad y alcance a través de la multiplicación que permiten las redes sociales. Para ello se concluye como fundamental: profesionalizar aún más las redacciones para lograr que la fidelización, la credibilidad y el respaldo legal de cada publicación se imponga ante los intereses espurios de los que difaman o buscan ventajas personales o corporativas mediante la difusión de noticias falsas.

Desde hace mucho tiempo sostengo (y lo compartí en esta página) que en tiempos donde la información circula a velocidad inusitada, el periodismo es quien debe chequear, analizar, opinar, investigar, cuestionar y controlar a nuestros gobernantes (sean del color político que sean). Desde esta misma página señalé y cuestioné en innumerables oportunidades decisiones y acciones de gestión del gobierno nacional. Anticipé conflictos y analicé algunos impactos negativos de “medidas de escritorio”. Como consecuencia, cada lunes recibí mensajes y correos electrónicos que intentaban desacreditar mi opinión con un argumento común: “se nota que sos K”, “siempre le pegás al gobierno nacional”, “no sos objetivo porque vas atrás de la pauta publicitaria”. Paradójicamente desde hace más de tres años nuestros diarios tienen publicidad del gobierno nacional en sus páginas, situación que demuestra que esa pauta no “compró” nunca opinión. Paradójicamente (también) desde las PASO no volví a recibir ningún mensaje que cuestionara ideología, y sí de lectores ávidos de conocer la opinión sobre cómo se vislumbra el futuro. Por suerte, lo que se escribe y se imprime no se puede mandar a la papelera, ni eliminar de una red social. Basta con ir a un archivo...

Esta semana el mundo crujió (políticamente hablando), en distintos continentes.

Un memo de cinco páginas con un resumen de la charla del presidente estadounidense Donald Trump y su par ucraniano Zelensky puede dejarlo al borde de un juicio político. Joe Biden, ex vicepresidente de Barak Obama, asoma como su contrincante en las próximas elecciones y Trump no tuvo mejor idea que pedirle al presidente de Ucrania información sobre posibles hechos de corrupción de Hunter Biden (hijo de Joe), quien fue director de la compañía energética más grande de ese país. Trump ideó una campaña sucia y dejó todas sus huellas marcadas en el camino...

Cruzando el charco (norte) el Premier inglés Boris Johnson no pudo lograr avanzar con la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea a pesar de haber suspendido el Parlamento para lograrlo. Así, humillado y con buena parte de su dignidad perdida, decidió (al estilo Trump) que su mejor defensa sería un buen ataque. Un Johnson “sacado” eligió un discurso de odio a niveles desconocidos en la política del Reino Unido. “Todo Brexit que no sea salvaje es una traición y una rendición. Quienes se oponen a la salida de Europa –ya sean jueces, periodistas, legisladores o votantes– son los enemigos del pueblo”. Vale recordar que en 2016 el 52% del electorado de las islas británicas votó por “leave” (dejar Europa), y también que esa elección (como la del mismo Trump) quedaron bajo la sospecha de manipulación de la que sacaba pecho Cambridge Analítica (que en la Argentina trabajó para Cambiemos en la elección 2015). Recomiendo ver el documental que Netflix tradujo como “Nada es privado” que aborda el manejo discrecional de la información de los usuarios de redes y la construcción de fake news “a medida” para traccionar votos en campañas electorales.

Mientras tanto, el Rey de España, Felipe VI, disolvió el Parlamento español y llamó a nuevas elecciones para el próximo 10 noviembre (las cuartas en los últimos cuatro años). La decisión llega luego de que se frustrara la alianza para lograr la mayoría parlamentaria y nombrar a un presidente del gobierno. El PSOE, partido del jefe de Estado Pedro Sánchez, que obtuvo el 35% de los votos en la última elección, no pudo convencer a Unidos Podemos, el partido de centroizquierda que lidera Pablo Iglesias. Si se repiten los porcentajes, las nuevas elecciones no aseguran resultados que eliminen estas trabas y todo hace prever que la inestabilidad política se puede extender aún más...

El viaje nos trae de regreso a América del Sur. A poco menos de un mes de las elecciones en Bolivia, uno de sus principales promesas de campaña del presidente Evo Morales, se basa en sostener la estabilidad económica. Y con ese objetivo, el oficialismo no tuvo mejor idea que lanzar un spot de campaña donde “apologiza” la crisis argentina. "Argentina adoptó hace tres años el mismo modelo económico que Carlos Mesa quiere aplicar en Bolivia y los resultados no son nada buenos: los reflejos del desastre económico argentino lo sienten las personas en todos los rincones, principalmente en el aumento de los precios de los alimentos y de los servicios básicos como la luz, el agua y el gas. 1.700.000 argentinos desempleados, salario mínimo en caída, 32% de los argentinos en la pobreza, inflación del 48%", precisa la propaganda y concluye: “¿Quieres eso para Bolivia? Estamos seguros que no". Si Evo lo dice...

Buena semana.

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