Editorial

“Institucionalidad” según de qué lado de la Cordillera

Dos situaciones. Una tiene que ver con Chile y la madurez política de los máximos dirigentes de sus principales partidos políticos. La otra es nuestra y tiene como protagonista a la vicepresidenta de la Nación.
domingo, 08 de septiembre de 2019 · 08:00

Esta semana se vivieron dos situaciones que pensé interesante compartir.

Una tiene que ver con Chile y la madurez política de los máximos dirigentes de sus principales partidos políticos. La otra es nuestra y tiene como protagonista a la vicepresidenta de la Nación, Gabriela Michetti.

En Chile se da una situación política bien particular. Desde 2006 se da una alternancia en el poder entre Michelle Bachelet  y Sebastián Piñera. Ellos presidieron ese país en los últimos 16 años, siendo que Bachelet preside una concertación de centro izquierda y Piñera una alianza de derecha.

Bachelet es actualmente la Alta Comisionada de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Hace pocos meses desató la furia del chavismo venezolano cuando acusó a sus miembros de imponer la violencia en las calles, y condenó que allí tuvieran lugar más de 7.000 ejecuciones extrajudiciales, detenciones arbitrarias, torturas y persecuciones a opositores. Después de visitar Venezuela, la chilena pidió la disolución de las Fuerzas Especiales (FAES) acusándolos como responsables de 5.287 muertes como consecuencia de supuesta “resistencia a la autoridad”.

Esta semana Bachelet presentó un informe sobre Brasil, en el que señala: “en estos últimos meses hemos observado una reducción del espacio cívico y democrático, caracterizado por ataques contra defensores de los derechos humanos y restricciones impuestas al trabajo de la sociedad civil”. Asimismo declaró su preocupación por el notable incremento de las personas que murieron en manos de la policía (1.291 personas asesinadas en 2019 solo en Sao Paulo y Río de Janeiro), “situación que se da en el marco de un discurso político (el del presidente Bolsonaro) que legitima las ejecuciones sumarias”.

Aquella ira de chavistas de izquierda tomó carne en declaraciones del propio Presidente de derecha brasileño que elogió la dictadura de Pinochet y celebró la muerte de su padre: “...usted (en referencia a Michelle Bachelet) se olvida que su país no es Cuba gracias al valor de quienes detuvieron a la izquierda en 1973, entre ellos también a su padre”, afirmó Bolsonaro.

Bolsonaro ya no sorprende por su ignorancia. Sí sorprendió el actual presidente de Chile Sebastián Piñera que convocó a una conferencia de prensa para rechazar institucionalmente sus dichos: "...no comparto en absoluto la alusión hecha por el presidente Bolsonaro respecto a una ex Presidenta de Chile y especialmente en un tema tan doloroso como la muerte de su padre". Piñera destacó que cualquier persona puede tener "su propio juicio histórico" de los Gobiernos chilenos en las décadas de 1970 y 1980, pero puntualizó en que dichas visiones particulares "deben expresarse con respeto a las personas". Para finalizar, Piñera remarcó su "permanente compromiso con la democracia, la libertad y los derechos humanos en todo tiempo, lugar y circunstancia”.

Chapeau Piñera! Un presidente que fija límites institucionales que no entienden de derechas o izquierdas.

Ahora pasamos a nuestro “contra ejemplo” de cabotaje.

En enero último, de vacaciones en Cariló, la vicepresidenta Gabriela Michetti sacó pecho por haber despedido a 3500 personas en el Senado de la Nación y lo destacó como una (de dos) acciones de su gestión al frente de la Cámara Alta: "arreglamos el edificio, y eché a 3.500 tipos de los 7.000 que había", declaró a Infobae.

Michetti asumió en el Senado en diciembre de 2015 y sólo dos semanas después impulsó los primeros 500 despidos (de los 3500 que hoy la enorgullecen). En aquel entonces, desde esta misma página, denuncié el despido arbitrario de Vanesa Molinuevo que para entonces cursaba un embarazo de 5 meses. El argumento de Michetti se apoyaba en la necesidad de “sacar a los ñoquis de la política, porque cada gobierno va dejando capas geológicas de ñoquis que no tienen ninguna tarea asignada”.

Como asumiendo la derrota de octubre próximo, Michetti borró esta semana con el codo aquello que había escrito con la mano, cuando firmó la creación de cargos nuevos y el pase a planta permanente de asesores pero postergó la regulación de los viáticos de senadores. La decisión más llamativa del final de la gestión de Michetti en el Senado está contenida en los decretos 211 y 212 que disponen la creación de una dirección general, una subdirección general y dos direcciones. Es una estructura administrativa que, según resolvió Michetti, abordará el "análisis interdisciplinario de los principales temas para el desarrollo del país", pero que a pesar de ser parte del Congreso, asombrosamente no estará habilitada a opinar "sobre proyectos de ley en particular" porque será solo "un ámbito de debate académico".     

Claro que hubiese sido muy bueno llamar a concurso para estas nuevas áreas que parecen ser tan trascendentales para el andamiaje legislativo nacional. Pero no. Porque después de la creación de la estructura vinieron los nombramientos para su cobertura. Así, Michetti ubicó a su mano derecha Santiago Riobó (el recaudador de fondos de su fundación); pasó a planta permanente a Natalia Obon (pareja del senador radical Julio Cobos), también a María Constanza Hamasaki (esposa del senador por Salta Rodolfo Urtubey), a Lucía Diez Geoghegan (jefa de despacho de Federico Pinedo), a Javier Sánchez Wrba y a María Susana Allo.

Todo muy normal para quien decía que venía a cambiar la vieja política, pero en el camino decidió ser parte de lo peor de ella.

Buena semana.

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