Columnista |

¡Basta! 

La licenciada Mónica Dreyer nos trae su comuna semanal de opinión: "¡Basta!".

Hay situaciones en la vida donde necesitamos poner un límite y decimos ¡Basta! Así no puedo seguir. Puede ser una relación de pareja donde ya resulta insostenible seguir viviendo de esa manera con la persona. A una situación de violencia. Una relación familiar donde el vínculo se torna tóxico. Un trabajo donde hay un clima emocional desgastante.

No solo decimos basta a una situación con los demás sino también con uno mismo. Por ejemplo si estoy comiendo mucho y digo “¡Basta mañana empiezo el régimen!”

En el Basta hay como un abanico emocional que va de menos a más intenso. El otro día trabajando con una persona me decía “Me siento desbordada, preocupada con demasiadas responsabilidades. Los sentimientos me controlan. Me duele la panza de los nervios. Por eso digo … Basta… necesito cambiar”. Y es un punto de inflexión, de cambio.

A diferencia del NO que también es un límite. Por ejemplo cuando le decimos a un compañero de trabajo. “No me des esta tarea porque no voy a llegar con los tiempos” o “No voy a hacer más las camas y te pido que las y hagas vos”.

El NO define el respeto que nos tenemos a nosotros mismos y que nos tendrán los demás. El NO va de la mano de nuestra dignidad ya que es poner un límite a no aceptar un estado de cosas. Claro que en muchas ocasiones el precio por decir no es alto y depende de cada uno pagarlo o no. La diferencia entre el NO y el BASTA es que éste último tiene un tono emocional más intenso que el NO.

A veces necesitamos llegar a esa emoción para poner el límite y hacer el cambio. Te invito a pensar aquellas situaciones difíciles, donde dijiste NO, o BASTA y como cambiaron tu vida.

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