Editorial

Responsabilidad, responsabilidad, responsabilidad

En la Argentina alternamos posturas alarmistas con otras que recuerdan la psicosis de 2009 con la gripe A, mientras el gobierno trata de hacer pie entre su fallido diagnóstico inicial y las medidas a tomar. Pero hay un caso que se está tomando como ejemplo de lo que se debiera haber hecho: el de Corea del Sur.

Responsabilidad, responsabilidad, responsabilidad
El Diario Sur

Hasta el 13 de marzo, el virus del coronavirus estaba presente en 125 países, con más de 136.000 personas infectadas y más de 5.000 víctimas mortales.

China, Italia, Irán y Corea del Sur son las naciones más afectadas por la dispersión del virus, pero sin embargo sus gobiernos adoptaron diferentes medidas para detener su propagación.

China aisló varias ciudades y construyó hospitales en menos de una semana para atender la emergencia, mientras que el gobierno italiano decretó (tardíamente) el aislamiento en todo el territorio.

En poco más de 60 días el virus se propagó en el mundo entero, convirtiéndose en pandemia para la Organización Mundial de la Salud (sucede cuando una misma patología se manifiesta en más de 100 países en forma simultánea.

La premier alemana Angela Merkel afirmó que probablemente el 70% de los germanos se infecten con el virus, y aunque llamó a evitar contacto social físico y las grandes aglomeraciones instó a el que país siguiera su ritmo habitual.

Inglaterra, el país europeo con mayor porcentaje de habitantes de tercera edad, pronosticó que cuando termine la pandemia habrán muerto más de 10.000 ingleses.

Cuando la medicina se transforma en estadística, la veracidad de las mismas es clave. En esta línea hay un caso que se está tomando como ejemplo de lo que se debiera haber hecho: el de Corea del Sur.

EE.UU. y Corea del Sur anunciaron el mismo día el primer caso de coronavirus en sus respectivos países: el 20 de enero. A pesar de tener una elevada cifra de casos diagnosticados (el cuarto mayor en el mundo), el número de fallecidos en Corea hasta el 13 de marzo era de 67 personas (lo que representa una tasa de mortalidad del 0,6%), mientras que en los EE.UU. el porcentaje de mortalidad sobre los infectados supera el 4%.

La principal diferencia entre cómo actuó cada sistema de salud se dio en la prevención. Hasta el viernes pasado en los Estados Unidos se habían realizado 4.300 análisis a personas en su territorio, mientras que en Corea del Sur se les hizo el test a  196.000. Ese método fue calificado como una invasión por infectólogos y sanitaristas de varios países, sin embargo logró salvar vidas.

La estrategia del Ministerio de Salud surcoreano estableció desde el primer día una amplia red de diagnóstico y la reducción de la tasa de mortalidad como objetivo. Así lograron detectar el virus en sus etapas más tempranas para poder detener o demorar su expansión. Eso permitió también planear adecuadamente la atención en los centros de salud, ya que solo el 10% de los contagiados requiere hospitalización.

Mientras Corea del Sur controla a 10 mil personas por día (muchas dan positivo aun con síntomas leves) otros países corren detrás del mapa del coronavirus.

En la Argentina alternamos posturas alarmistas con otras que recuerdan la psicosis de 2009 con la gripe A, e intentan minimizar su impacto comparando con estadísticas de muertos por coronavirus en el mundo con otras nuestras de accidentes de tránsito o femicidios. También (y como no podría ser de otra forma) el coronavirus alimentó la tarea de los trolls en las redes sociales. Por un lado el gobierno trata de hacer pie entre su fallido diagnóstico inicial (que no previó la llegada temprana) y las medidas a tomar. Por otro, algunos creativos quieren instalar que el “gobierno de los científicos” no pudo parar la entrada del coronavirus. Increíble pero tristemente real.

No pareciera ser este un tema (ni un tiempo) para hablar de la berretada política de cabotaje. El mundo esta aislándose y no se trata de 15 días de vacaciones. Está en juego la propagación inmanejable de un virus resistente y poderoso, que afecta fundamentalmente a mayores de edad con enfermedades preexistentes (como la diabetes, la hipertensión o enfermedades respiratorias).

Buena semana.