Gustavo Cerati completó la frase de su canción con un memorable: lo ví venir. Parafraseándolo podríamos decir que el virus llegó hasta aquí, y también que (todos) lo vimos venir. Lo que nos pasa a cada uno con esta situación inédita en la historia de la humanidad es bien dispar.
Se trata de una pandemia en tiempos de la revolución tecnológica de las comunicaciones. Todo se sabe y mide en tiempo real. De repente nos encontramos haciendo un día a día de muertes y contagios en España e Italia (de dónde venimos muchos) pero también de Irán y Corea. Entre nosotros hay quienes están muertos de miedo y otros a los que parecen no importarle mucho las advertencias. La televisión convoca a opinadores seriales y a científicos a la misma mesa. Todos hablan, pocos escuchan a los que saben. Entre otras cosas, sucede porque entre los que saben también hay diferentes posiciones.
Lo cierto es que tuvimos unos días de ventaja que nos dejan mejor parados que algunos países centrales de Europa y Asia. Nadie duda que la ola del tsunami viene inexorablemente hacia nosotros, pero nuestra ventaja es que podemos saber que detonó en su camino hasta aquí. Y también algunos antídotos que se usaron en otros lugares para aminorar su poder destructivo.
Al cierre de esta edición en Nueva York había más muertos por COVID 19 que en la caída de las Torres Gemelas, mientras que España e Italia empezaban a festejar que las muertes diarias habían consolidado una baja en torno a las 650 víctimas fatales. Parece no ser algo festejarle, pero lo es cuando miramos los últimos días de marzo y primeros de abril donde en ambos países las muertes orillaban los mil casos diarios.
El gobierno nacional va camino a extender el aislamiento obligatorio a pesar de los reclamos de quienes necesitan reactivar la economía. La falsa opción salud o economía saldó puertas adentro de la casa Rosada. El presidente de la Nación sabe que no se trata de ó entre ambas opciones, no hay salud sin economía ni economía sin salud. Lo que decidió Alberto Fernández fue priorizar, elegir aún a sabiendas que la opción salud golpeaba la economía. ¿Cuánto? Vale recordar que Fernández asumió con el riesgo país a más de 4000 puntos y que al momento de encarar la lucha contra el virus invisible peleaba por alcanzar un acuerdo de pago de deuda que nos diera oxígeno para no ajustar más a la gente. Pero el mundo cambió repentinamente y ahoraestamos en la búsqueda de otro oxígeno, gaseoso y envasado, y materia prima de respiradores mecánicos que asistirán a los enfermos más graves.
Último párrafo para la clase política argentina. Ponderamos cuando se sientan a la misma mesa políticos de distintas partidos y priorizan lo que siempre deben priorizar: la gente. No nos importa si se es peronista, radical o del pro, cuando a la hora de la verdad habrá muertes.
Sin embargo el mundo troll sigue activo, intentando llevar agua para su molino (cada uno para el propio). Dan vergüenza ajena, porque se ven venir de lejos. Se lee de lejos la mala intención. Es esperable que los adversarios estén agazapados para golpear cuando lo crean más oportuno. ¿Pero con ésto también? ¿Con una pandemia que alcanzó a la corona inglesa, a la presidencia española y principado de Mónaco por igual, también? ¿Es que los haters siempre lo serán, sin que importen contextos, circunstancias ni argumentos? Se están haciendo un flaco favor, porque esto también pasará. A fin de año contaremos y lloraremos los muertos, pero pasará.
La gente no se olvida de quien es quien, ni de cómo se comportó cada uno, en estos perores momentos. Si fueran un poco más vivos, se llamarían a silencio o harían un poco de automarketing ofreciendo ayuda aún sin estar dispuesto a darla. Eligen la chicana y el chiste fácil.
Todo pasa, pero el camino dejará huellas. Siempre.
Buena semana






