Editorial

Imaginá la primavera

El hombre tiene una chance histórica de aprender de lo que nos pasó este 2020. Ahora todos saben que un virus de laboratorio puede ser más letal que cualquier bala, misil o dron. China ganó la tercera guerra mundial sin disparar una bala. Feliz primavera.

Imaginá la primavera
El Diario Sur

Finalmente llegó.

Parece que nunca habrá un festejo que se recuerde como éste.

Feliz 21 de septiembre 2020. Feliz primavera.

Atrás quedó el invierno y el dolor del conteo de los muertos diarios. Fueron los peores días y meses en mucho tiempo. Los vivimos perplejos, confundidos y con miedo. Casi todos conocemos a alguien que perdió a otro alguien por este maldito virus que nació en oriente y se esparció por el mundo sin piedad.

Hoy, que la vacuna empieza a distribuirse por todos los rincones del mundo desde China, sabemos que el globo cambió para siempre. Los principales líderes de los países centrales decidieron redireccionar miles de millones de sus presupuestos a la investigación y la ciencia. Pero atención: no se trata de un acto de bondad. Ahora todos saben que un virus de laboratorio puede ser más letal que cualquier bala, misil o dron. China ganó la tercera guerra mundial sin disparar una bala y se puso al frente de la economía de los cinco continentes provocando un golpe de knock out a las leyes del mercado como estaban establecidas.

De repente la inteligencia bélica cambió y el negocio de las armas se ve seriamente afectado por el riesgo invisible de un virus que no respetó razas, edades, nacionalidades ni estatus sociales. Que mostró sistemas de salud vulnerables en países tercermundistas pero también en las capitales de la moda italiana o del ex mundo financiero en Wall Street.

Hasta mediados de mayo pocos sabíamos la diferencia entre “renminbi” (el nombre oficial de la moneda) y “yuan” (la unidad de la moneda china). Pocos sabíamos que los precios se dan en yuanes y nunca en “renminbis”, que esta palabra se puede traducir como moneda del pueblo y que su símbolo internacional  (¥) es el mismo que el de la moneda japonesa (yen), pero no tienen nada que ver. Al cierre de esta edición las casas de cambio porteñas cotizaban el renminbi a casi 10 pesos y tanto los operadores bursátiles como los desarrolladores inmobiliarios sostienen que en los próximos cinco años los argentinos habremos cambiado el relleno de nuestros colchones: saldrán dólares entrarán “chinos”.

Hoy quiero celebrar el sol y el cielo celeste. Las calles y parques se llenan de “estudiantes” de todas las edades, porque como nunca todos entendimos que siempre se tratará de seguir aprendiendo. A vivir, a sobrevivir, a trascender, a pelearla (sea ganando o perdiendo).

Hoy habrá abrazos sin miedo y besos sin barbijos porque lo peor quedó atrás. Hace tiempo que no veíamos algunas caras, que no reconocíamos expresiones o decodificamos gestos. Fueron muchos meses “guardados” y enmascarados. Se hizo difícil hasta reconocer el color de la voz de los nuestros, “tapaboca” mediante. 

El futuro de los escépticos parece confirmarse después del virus. Ellos estarán siempre esperando el nuevo mal, agazapado y silencioso que se meta por los poros para llevarse el alma. De la otra vereda estaremos los que creemos que mañana será mejor siempre. Sobre todo para los que tenemos la dicha de cada amanecer. Somos la resistencia, los que no vamos a pasar por la tierra contando los días, ni llorando por lo qué pasó o lo que pudo haber sido. No nos olvidamos, tenemos memoria y sabemos de dónde venimos, para poder elegir para dónde ir. Somos “una banda” que elige no comprarse fatalismo crónico, ni a aceptar sin más “los presagios del destino”. 

El hombre tiene una chance histórica de aprender de lo que nos pasó este 2020, que no se trató de ninguna maldición ni de la predicción histórica de nadie.

Hoy sabemos que no existe el paraíso, ni ningún infierno bajo los pies; y que arriba solo hay cielo. Hoy sabemos que no existen los países y que no habrá nada por qué matar ni morir, cuando elijamos (todos) vivir la vida en paz. Hoy sabemos que no existe el concepto “propiedad” y que ya no hay más necesidad de codicia, ni hambre. Hoy nació una nueva hermandad entre los hombres, que eligen compartir el mundo.

Hace un tiempo me decían “soñador” y yo respondía: no soy el único. Después del dolor, somos muchos más los que esperamos que algún día te unas a nosotros.

Buena semana.