Apodado pancho, al exárbitro de fútbol Francisco Lamolina lo conocían por su estilo "liberal" en el campo de juego, totalmente opuesto a la rectitud de su contemporáneo Javier Castrilli.
Aún cuando lo reconocieron en los años 80, hacia el final de su carrera le criticaron el estilo. Su gesto clásico era levantar y agitar los brazos para sugerir que continúe el juego (así nació el famoso "siga, siga"), que se convirtió en una manera despectiva de hacer alusión a su escuela del arbitraje. Curiosamente, su principal actuación arbitral no fue para dirigir dentro de un terreno de juego, ya que fue designado como cuarto árbitro de la Final del Mundial FIFA de Estados Unidos 1994.
Durante sus años como árbitro Javier Castrilli fue conocido como el Sheriff" debido a su carácter fuerte y a su estricto cumplimiento del reglamento, tanto con equipos "chicos" como "grandes". Fue protagonista de muchas polémicas en partidos donde intervinieron los equipos más populares de la Argentina. El primero que marcó un antes y un después en su carrera fue en 1992 durante un partido entre River y Newells jugado en el Monumental donde expulsó a tres jugadores de River en una misma jugada y un rato más tarde a otro futbolista local. 11 versus 7, el partido terminó 5 a 0 a favor de Newell's. Ahí nació el mito Castrilli, que también tuvo un hito al expulsar a Maradona en uno de sus regresos al fútbol argentino en la cancha de Vélez jugando para Boca. El mayor logro dentro de arbitraje de Javier Castrilli fue dirigir la Copa del Mundo en Francia 1998. Su conocimiento público y fama de rectitud y honestidad le abrieron la puerta a un fugaz (y gris) paso por la política y la gestión pública.
Los dos ex árbitros expusieron una particular dicotomía muy nuestra: a pesar de ser contemporáneos, y de jugar con las mismas reglas (el reglamento de fútbol tiene solo 13 reglas), impartían justicia (y fallaban) de formas absolutamente encontradas. ¿Qué pasaba con los jugadores entonces? Se adaptaban. Se cuidaban al extremo con uno y daban rienda suelta al rigor físico y la viveza criolla con el otro. Si alguien conocía y manejaba en forma impar los destinos del fútbol argentino, ese era Julio Grondona, que sostenía: Castrilli y Lamolina son iguales. Porque a los dos les falta equilibrio. Para un lado y para otro. Son dos extremos que terminan juntándose. Genial definición para explicar aquella grieta, totalmente asimilable a la grieta del siglo XXI.
En el medio de la peor pandemia que se recuerde por magnitud y alcance, nos arreglamos para discutir médicos extranjeros si o no y para hacer memes ofensivas o instalar y viralizar fake News inconducentes (como la que viernes enfermó de Covid al intendente echeverriano).
Última reflexión para un triste ejemplo público, que dieron dos hombres públicos. Cada uno desde su rol y con su responsabilidad, pero ambos con responsabilidad pública al fin.
La entrevista entre el periodista Eduardo Feinmann y el intendente de de Pehuajó Pablo Zurro discurría sobre la llegada de los médicos cubanos a la provincia de Buenos Aires para ayudar a combatir el coronavirus Covid-19 (algo que había pedido expresamente el jefe comunal bonaerense). De repente la discusión empezó a socavar los ánimos y el buen gusto, y luego de un intercambio en el que ambos se sacaron chispas, diciéndose "gorila" y "zurdito de mierda" recíprocamente, Zurro dijo que en última instancia obedecería a su "líder" político: Cristina Krichner. Su líder es la jefa de la banda, citó irónicamente Feinmann. Sin más, Zurro le lanzó: "andate a la c... de tu hermana, Feinmann", y cortó la comunicación.
Gente grande, en riña de gallos. Los que escuchaban, como los jugadores con Lamolina y Castrilli, acomodaron según conveniencia sus análisis y lecturas.
Mientras tanto, recordaba al viejo Don Julio: ¿no será que son iguales?, ¿y que les falta equilibrio? ¿Y que se van tanto al extremo que terminan juntándose entre el papelón y la violencia?
Buena semana.






