Editorial

La (futura) nueva normalidad

La cuarentena y el encierro se ocupa de mostrar lo peor y lo mejor de cada uno de nosotros. Los historiadores creen que las alternativas de salida de las crisis son extremadamente contrapuestas. Así las cosas, o vamos hacia una sociedad de vigilancia totalitaria masiva o de empoderamiento de los ciudadanos.

La (futura) nueva normalidad
El Diario Sur

Casi todos coincidimos que nada será igual después de la pandemia. Tal vez sea en realidad una estrategia para pensar que habrá un “después”.

La cuarentena y el encierro se ocupa de mostrar lo peor y lo mejor de cada uno de nosotros. Mientras algunas familias celebran el reencuentro y la posibilidad de volver a compartir tiempos y algunas parejas resignificaron (o recuperaron) los porqués de cuando se eligieron; en otros casos se dispararon conflictos intrafamiliares y multiplicaron las chances de separaciones y divorcios; y también las denuncias de situaciones de violencia hacia la mujer.

En lo laboral hubieron muchas empresas que descubrieron que tenían en sus filas gente “osciosa” y supernumeraria, y otros visualizaron en un pie de igualdad (generalmente vía imagen de zoom) a algunos empleados “escondidos en las nóminas” y otros que comenzaron a repensar la necesidad de mantener sus espacios físicos para instrumentar el teletrabajo.

Esta semana se conoció que Twitter permitirá que sus empleados trabajen desde sus casas de forma permanente, incluso después de que las autoridades sanitarias (de todos los países donde tienen oficinas) les permitan a los trabajadores regresar a sus oficinas cuando el peligro del COVID-19 disminuya. El director ejecutivo de la empresa informó que tenía pocas probabilidades de abrir sus oficinas antes de septiembre, y que incluso cuando lo haga, la totalidad de sus empleados podrán elegir seguir trabajando desde donde quieran. La compañía tiene más de 35 oficinas en todo el mundo, incluidas ciudades como París, Nueva York y Toronto.

Mientas tanto, Google y Facebook ya les avisaron a sus empleados que trabajarán desde casa durante el resto del año. Esta definición ayudará a los empleados a hacer planes a largo plazo sobre: dónde deciden vivir y qué insumos de oficina necesitan comprar para trabajar en sus hogares.

La pospandemia afectará desde la forma en que trabajamos y ganamos dinero hasta el funcionamiento de industrias y comercios. Y también modificará el significado del tiempo libre, el tipo de vivienda que vamos a diseñar para “vivir y trabajar”. Esto significa acelerar la revolución científica y tecnológica que estamos viviendo desde comienzos de siglo. Después del encierro habrá que determinar que tipo de sociedad nos queda, porque la misma seguro que no será. Podrá ser más participativa o más autoritaria, pero no volveremos igual a la nueva normalidad.

Los historiadores creen que las alternativas de salida de las crisis son extremadamente contrapuestas. Así las cosas, o vamos hacia una sociedad de vigilancia totalitaria masiva o de empoderamiento de los ciudadanos; de aislamiento nacionalista o solidaridad global.

¿Qué se entiende por vigilancia masiva? Seguramente se requerirán certificados de salud para poder viajar y también para poder trabajar . El nuevo concepto nos lleva a ser protagonistas de una vigilancia “bajo la piel”, que nos mida la fiebre o la presión (y porque no hasta nuestros sentimientos). 

Ya vimos como se instalaron detectores masivos de temperatura en aeropuertos, estaciones de trenes y otros lugares de concurrencia masiva. Son medidores con varias capacidades y que con un simple cambio de software podría detectar otros sentimientos más allá de la fiebre o la presión sanguínea, como por ejemplo: alegría o enojo.

Esta crisis pandémica se siente más cercana a una guerra que a una recesión. Al final del camino, los encargados de formular políticas gubernamentales serán juzgados en términos de cuántos miles de personas mueran, y los asuntos de vida y muerte ocasionan cambios de política más drásticos que los de los indicadores económicos.

Los presidentes de las posguerras dejaron siempre sus cargos públicos, aún aquellos que ganaron esas mismas guerras. Vaya a a saber qué y cómo opera en la gente el rol de los pilotos de tormenta. Esta es una señal que podría explicar algunas de las medidas más conservadores y más arriesgadas de gobernantes como Trump y Bolsonaro. ¿Se sabrán afuera de la futura nueva normalidad?

Mientras tanto, seguimos esperando que los científicos (a los que alguna vez supimos mandar a lavar los platos) han su magia y aparezca la vacuna salvadora.

Buena semana.