Columnista |

Feliz 21

A pesar que despunta la segunda ola anticipada ya tenemos una esperanza. El mundo empezó a vacunar y la Argentina también. Estamos empezando un Año Nuevo, renovemos la esperanza y las utopías que nos ilusionen con una sociedad más justa y solidaria.

Feliz Año Nuevo.

El aciago 2020 nos robó sonrisas y abrazos y nos llenó de miedo. Pero ya fue.

Un amigo me dice: “digamos feliz 21, sin el 20, así no se repite nunca más”. Que así sea.

A pesar que despunta la segunda ola anticipada (siempre nos habían hablado de que llegaría en marzo a nuestro país), ya tenemos una esperanza. El mundo empezó a vacunar y la Argentina también.

Independientemente de las nuevas olas y las nuevas cepas, la ciencia encontró antídotos a menos de un año del primer caso formal de COVID 19. Los científicos son optimistas aún ante posibles nuevas mutaciones. Sostienen que les puede llevar entre 2 y 6 semanas “mejorar” las vacunas aprobadas para adaptarlas a las “nuevas versiones” del virus.

Esta semana sucedieron las primeras vacunaciones al personal de salud y fue particularmente conmovedor para los que tuvimos la posibilidad de cubrirlo periodísticamente. Médicas, médicos, enfermeras y enfermeros de las unidades de terapia intensiva hacían fila para ponerle el hombro a la primera dosis (de dos) de la vacuna rusa Sputnik V. Algunos aplaudían, otros se quebraban de emoción. Nadie discutía la procedencia ni la efectividad de la vacuna. Creo que vivían una especial situación de alivio después de un año donde dejaron cuerpo y alma, en el, que perdieron a colegas y vieron como también se iban en soledad miles de argentinos. El pinchazo era alivio.

Lo que viene debiera ser mejor. A la Sputnik se sumarán vacunas de otros laboratorios con los que ya negocia el gobierno, a las que se sumarán en marzo las de Oxford Astrazeneca que esta semana se autoproclamó como la mejor vacuna al certificar un 100% de efectividad. Recordemos que es la vacuna que se desarrolla en nuestro país, para luego ir a granel a México, donde se fraccionará y distribuirá en toda america latina a excepción de Brasil.

Estas fotos de la vacunación le dibujaron una sonrisa al oficialismo del presidente a Alberto Fernández. Tal vez una de las pocas del año hasta tan solo 24 horas después cuando finalmente en la Cámara de Senadores se aprobó la ley IVE (Interrupción Voluntaria del Embarazo). Verdes y celestes esperaron durante la madrugada del miércoles sabiendo que sólo un grupo “festejaría”. Finalmente a la hora de votar no se dio el cabeza a cabeza esperado y el triunfo Verde pone a nuestro país en sintonía con las naciones occidentales más desarrolladas. En ésta misma página había escrito que se trataba de un debate que “el mundo” ya había saldado, y que independientemente de las cuestiones religiosas se trataba de salud pública y no de credos. En ésta línea me quiero quedar con dos de los discursos de los senadores. Por un lado el salteño “Oso” Levy, ex intendente de Tartagal, que cambió su voto (en relación al 2018) al hacerse cargo que su decisión iba más allá de sus convicciones religiosas personales, para “entender” que como legislador debe velar por los intereses de sus comprovincianos (de todos). A su turno la senadora porteña por el PRO, Gladys González logró el clímax del debate. "Recibí mensajes muy dolorosos de mis hermanos cristianos que rezaban para que me vaya al infierno", relató González. La senadora contó que en 2018 (cuando sucedió el anterior debate por ley) recibió varias amenazas mientras cursaba su cuarto embarazo. "Perdí mi embarazo y por un instante pensé que Dios me había castigado por votar a favor de la legalización", confesó. “Pero entendí que el Dios en el que creo no castiga, sino que ama. ¿Creen que es cristiano condenar a las mujeres que deciden interrumpir un embarazo? Hoy quiero preguntarle a mi Iglesia si no es hora de hacer una autocrítica y preguntarnos por qué nuestras mujeres católicas abortan", cuestionó González. Y en ese mismo sentido volvió a interpelar: "¿Por qué queremos imponer por ley algo que no pudimos hacer por nuestras propias enseñanzas religiosas? Hemos fallado porque no logramos salvar la vida de ninguna mujer ni ninguna vida. Es hora de que la Iglesia haga autocrítica". Si fuera un juicio oral, se impondría un: “no más preguntas señor juez”.

Bueno sería que con la ley aprobada empiecen a cerrarse algunas de las grietas que no solo divide, sino también restan.

Estamos empezando un Año Nuevo, renovemos la esperanza y las utopías que nos ilusionen con una sociedad más justa y solidaria.

Buen año, buena semana. Buena vida para vos y tus seres queridos.

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