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Esquizofrenia aguda (no la cura ni el doctor ni el amor)

La pobreza en la Argentina ascendió al 42% en el segundo semestre de 2020, con un incremento de casi 7 puntos respecto al mismo periodo de 2019.

Editorial, por Ricardo Varela

Esta semana se dieron a conocer dos noticias que (como pocas), reflejan la esquizofrenia argentina. Es difícil asumirnos así, sin embargo es aún más difícil que, conociendo los alcances irrefutables de “lo que se mide” (que no se discute), elijamos creernos una sociedad normal. No lo somos.

La pobreza en la Argentina ascendió al 42% en el segundo semestre de 2020, con un incremento de casi 7 puntos respecto al mismo periodo de 2019. La situación se agravó por la pandemia, la larga cuarentena y las tasas inflacionarias. Según el informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), la indigencia subió más del 20% y se ubicó en el 10,5 por ciento, frente al 8 por ciento del mismo período del año previo. Los hogares por debajo de la línea de pobreza alcanzaron el 31,6% del muestreo (el 42% de las personas) y un 7,8% por debajo de la línea de indigencia (10,5% de las personas).

¿Cómo mide el INDEC? Mediante una encuesta permanente de hogares que actualiza periódicamente en 31 aglomerados urbanos. De esta medición se desprende que debajo de la línea de pobreza hay 2.926.890 hogares (12.000.998 personas) en nuestro país y que dentro de ese conjunto son 720.678 los hogares que se encuentran debajo de la línea de indigencia (3.007.177 personas).

Un apretado resumen: somos 12 millones de pobres, nosotros, los argentinos.

Es dable decir que medir la economía del país el año de la pandemia (con cuarentena incluida) resulta poco comparable en la estadística global año/año. Sin embargo la Argentina registró una caída del 9,9% en 2020 (una de las peores caídas de la región) que combinada con una inflación del 36,1% y una tasa de desempleo del 11 por ciento, generaron un cóctel explosivo (de pobres e indigentes).

A esta altura del análisis vale recordar que la tasa más alta de pobreza se alcanzó cuando explotó la convertibilidad (fines del 2001), ya que en octubre de 2002 ascendió al 57,5% de la población y al 45,7% de los hogares.

Las previsiones más optimistas para este año prevén un crecimiento económico del 5,5% y una inflación del 29%. Algunos economistas creen que el rebote podría ser mayor, sin embargo todo dependerá de la suba de precios que rondaría el 40%. Si este último porcentaje “se dispara”, el pronóstico de los economistas no se ajustará a la realidad real de los ciudadanos de a pie...

Casi como la contracara del país que acabamos de describir a partir de los “números” de su organismo oficial de estadísticas y censo, hay otra Argentina. Esa que a pesar de los controles de cambio que rigieron durante todo 2020, les permitió a los argentinos hacer crecer sus stock de dólares el año pasado. En total, se sumaron 8.270 millones de dólares a las tenencias de las empresas y familias, sin que estos se transformen en depósitos bancarios. Según el informe “Balanza de pagos, posición de inversión internacional y deuda externa” del nuestro hoy protagonista Indec, los argentinos tienen guardados en cajas de seguridad, fuera del país o en sus colchones 231.937 millones de dólares. Podés leer de nuevo: los argentinos tenemos 231.937.000.000 de dólares fuera del circuito financiero. Sólo 7 de cada 100 dólares están depositados (blanqueados) en bancos, el resto está “fugado” fuera del sistema. El año del encierro y la pandemia la obsesión argentina por atesorar dólares no frenó. La Argentina lidera (desde 2006) el ranking de mayor tenencia y circulación mundial de dólares billete fuera de los Estados Unidos. Sí, leíste bien.

Somos los argentinos (todos) los que tenemos entre nosotros más de 12 millones de pobres e indigentes. Y también somos los argentinos (todos), los que tenemos “guardados” más dólares por habitante fuera de los Estados Unidos.

El nuestro no es un problema de diván, ni de análisis económico o financiero. No nos alcanzarían convenciones internacionales de psicología y económica (simultáneos) para intentar encontrarle la punta al ovillo de nuestras propias incongruencias.

Mi aporte es un milimétrico grano de arena para poner en discusión un tema: en nuestra Argentina crecen los pobres y los ricos (al mismo tiempo). Los pobres son cada vez más pobres (hasta caer en la indigencia), mientras los ricos son cada vez más ricos (pero no confían en el sistema financiero del país y fugan su dinero del circuito formal). No podemos vivir buscando las respuestas afuera, intentando que otros vengan a invertir y generar empleo, mientras no creemos (y desconfiamos) en nosotros mismos.

Buena semana.

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