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Entre vacunas y misiles, la biblia y el calefón

Esta semana vimos gente corriendo a sus refugios a los 30 segundos de comenzada la alarma y un cielo oscuro iluminado de cohetes. Traducido en vacunas Pfizer: 20.000.000 de dosis dilapidadas en 4 días de "guerra". Por Ricardo Varela.

La semana pasada escribí en ésta misma página sobre la relación entre la pandemia y la economía, o mejor dicho, el negocio que suponen las vacunas y sus patentes.

De alguna forma lamentaba entonces (y sigo lamentándolo ahora), lo poco que parece habernos durado la “pelea humanitaria internacional” contra el COVID.

Con los procesos masivos de vacunación aparecieron las primeras vueltas a la normalidad ansiada en algunos países. El ejemplo emblemático fue Israel (por primero y masivo), seguido de los Estados Unidos donde los vacunados ya circulan sin barbijos ni restricciones.

Hace una semana hacía una invitación a que la voracidad económica no superara la urgente necesidad humanitaria. Había pensado en ilustrar el texto (de hace solo 7 días) con: a) una imagen de la vacunación en las playas del sur de Miami o b) la nueva normalidad israelí con bares, cines y teatros abiertos sin protocolos.

Pero, siempre hay un pero, también escribí que pasaban “cosas raras en el mundo”. Lamentablemente (casi como una premonición) esta semana nos inundaron imágenes de la tristeza que destila el odio. Israel y Palestina jugaron a los fuegos artificiales, que no festejaban el fin de la pandemia justamente. Vimos como cientos de misiles disparados de un lado eran interceptados por “contramisiles” defensivos activados desde el otro, en ese territorio de claroscuros conocidos como Franja de Gaza. Israel tiene el sistema antimisiles más exitoso del mundo, que destruye 9 de cada 10 cohetes lanzados sobre su territorio, protegido por la “cúpula de hierro”. 9 de cada 10 es un altísimo porcentaje de efectividad, sin embargo cuando se arrojan 1000, 100 de ellos producen destrucción y muerte. Esas imágenes vimos esta semana, gente corriendo a sus refugios a los 30 segundos de comenzada la alarma y un cielo oscuro iluminado de cohetes de 50.000 dólares (cada uno) interceptados por otros que cuestan más de 350.000 (cada uno) pero evitan miles de muertes. Traducido en vacunas Pfizer: 20.000.000 de dosis dilapidadas en 4 días de “guerra”.

Todo muy triste, ¿no? Algunos dicen que esta “avanzada” se motivó en cruces de Tik Tok de fanáticos de un lado y el otro. También señalan que los objetivos de los cohetes eran población civil, hecho suficiente para justificar la respuesta israelí en formato “bombardeo aéreo” que terminó (como es lógico) con más destrucción y muerte.

¿Para qué sirvieron aquellas vacunas? ¿Qué sentido tuvo devolverle libertad a la gente si tan solo horas después corrían por sus vidas a encerrarse en los búnkers?

Mientras tanto, aquí en Buenos Aires también pasan cosas.

El procurador del Tesoro de la Nación, Carlos Zannini, defendió al conocido como "Vacunatorio VIP" en la noche del martes último. El funcionario contó lo que le dijo a Horacio Verbitsky, otro de los inmunizados de forma anticipada por el Gobierno, y confesó que no se arrepiente de haberlo hecho: “Sabía que estaba en las condiciones legales de vacunarme”.

La entrevista fue en el programa Brotes Verdes (de C5N), y el funcionario justificó que su vacunación se haya realizado bajo la condición de “personal de salud”. “El 20 de diciembre surge la resolución 2883, yo acudo a la autoridad sanitaria, porque estoy incluido como mayor de 60 años, con enfermedades prevalentes y como autoridad decisional. Se podía hacer, fui y lo hice”, explicó.

No contento con eso recordó que le dijo a Horacio Verbitsky que estaba equivocado. “No tenés que actuar con culpa porque vos tenés derecho a eso, sos una personalidad que necesita ser protegida por la sociedad. El problema surge por la falta de vacunas y no por quién se vacuna”, le dijo Zannini a Verbitsky, según contó el propio funcionario en el reportaje.

Sobre este punto, el procurador declaró que hay algo de lo que sí se arrepiente: de “no haberme sacado la foto”. “Ni yo ni mi mujer (que también se vacunó) hemos cometido ninguna violación de normas. Si me arrepiento de algo es de haberles dado la oportunidad de que nos critiquen, pero ellos no necesitan que yo cometa errores para que me critiquen”.

Además de ser el fiscal ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Zannini tiene a cargo el diseño de la política criminal del Estado nacional. En el fuero penal, los fiscales son los titulares de la acción penal y de ellos depende el inicio de un expediente y su continuidad o cierre. El Ministerio Público a su cargo es un organismo que formula la política criminal del Estado.

Así como hay una política sanitaria, una política educativa, una política económica y existe un organismo que formula esas políticas, y ésta es la tarea de Zannini, que lejos de hacerse cargo de su grave error institucional y político, cree que hay solo algunos ciudadanos argentinos (como Verbistky) que merecen (más que otros) ser “protegidos por la sociedad”.

No más preguntas, señor Juez.

Buena semana.

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