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¿Quema más el fuego amigo?

El triste axioma de los tiempos podría ser: todos los que no son mis amigos, son mis enemigos. Pero como somos incorregibles, ahora también nos arreglamos para meterle una variante al concepto de la amistad: el fuego amigo. Por Ricardo Varela.

Aunque usted no lo crea estamos a las puertas de una elección nacional.

Se trata de la famosa: “intermedia”, esa que castiga o confirma apoyos a los oficialismos.

Dicen (los que dicen que saben) que en las elecciones legislativas la gente vota “más light”, que se permite “jugar un poco más” porque no las entiende tan determinantes como las que definen los cargos ejecutivos.

Para los partidos políticos funciona distinto. Mientras los oficialismos buscan consolidar sus presencias en las cámaras (legislaturas, concejos deliberantes y consejos escolares) para garantizar una mejor gobernabilidad; las oposiciones quieren: a) ganar volumen político en el poder que legisla y controla a los ejecutivos, b) medir la potencia electoral de sus candidatos para los cargos ejecutivos (de la próxima elección).

¿Será que a los políticos les motiva más (o solo) ejercer espacios del poder ejecutivo? ¿No existe la vocación legislativa en la Argentina? ¿Será que para esos lugares sólo quedan espacios para los que no llegan a ganar las elecciones a cargos ejecutivos?

La próxima elección legislativa nacional se da en un contexto inédito desde lo político e institucional y, a pesar de las declaraciones de rigor (políticamente correctas), lo que viene (lo que viene) sólo profundizará la grieta. ¿Es posible? ¿Más? Claro que sí. Lamentablemente esa estrategia de “nosotros o el mal” (sea del lado que sea que se diga y vea), se viene repitiendo hace demasiado tiempo.

El triste axioma de los tiempos podría ser: todos los que no son mis amigos, son mis enemigos. Pero como somos incorregibles, ahora también nos arreglamos para meterle una variante al concepto de la amistad: el fuego amigo.

Así se explica cómo algunos amigos se convierten en ex amigos, y sufren pintadas horribles en las paredes de sus casas (o los colegios de sus hijos). Y también como algunos amigos quieren desplazar a otros amigos de sus cargos políticos para reemplazarlos antes que finalicen sus mandatos...

El viejo axioma de la política cobra vigencia (una y otra vez): “en la política no hay amigos, hay política”. Y de este brebaje también bebe la alianza Juntos para el Cambio, que ve con mucha dificultad la posibilidad de mantener la imagen del “club de amigos” que supo construir a su alrededor Mauricio Macri (con timbreadas y globos incluidos).

De repente la realidad real (y las mediciones de las encuestas) chocan con las intenciones de unos y otros, dejando un final abierto que solo beneficia al oficialismo (que también tiene lo suyo a la hora de enredar enredos).

“Se ha generado un desorden que pone en riesgo que nos presentemos como un cachivache de cara a la sociedad, estamos en el límite de hacer un papelón. Esta sensación de los políticos ‘peleándose por el queso’ no me hace sentir cómodo. Yo quiero un escenario distinto, pero hace falta que todos quieran lo mismo”, consideró el intendente (con pretensiones) Jorge Macri esta semana. Todo sucede mientras los socios de la UCR avisaron que irán con Facundo Manes como primer candidato, y mientras la Coalición Cívica amaga con hacer jugar a la otrora retirada Lilita Carrió. El escenario de la oposición bonaerense lo completa Diego Santilli, apalancado por el jefe de gobierno Rodríguez Larreta que selló un acuerdo con Vidal para que compita en la Ciudad. ¿Vidal es María Eugenia? ¿La ex gobernadora de la provincia de Buenos Aires? Si. La misma, que este año iría como candidata de la ciudad para el enojo de quien preside el PRO, Patricia Bullrich, que reclama también su lugar.

La unidad (por ahora) parece complicada. Sobre todo porque ni Macri ni Larreta dan el brazo a torcer. Horacio piensa que el tiempo de Mauricio ya fue, y se proyecta para 2023 con Vidal y Santilli como alfiles, y Carrió, el radicalismo y Stolbizer como peones. Así las cosas, desde la otra vereda (Bullrich, Jorge Macri y cía.) propusieron una decisión salomónica y le pidieron a Macri (el ex presidente) que encabezará la lista en septiembre próximo. “Si tuviese que ser candidato yo, sería un fracaso enorme de Juntos Para el Cambio”, dijo Macri. La frase que podría leerse como autocritica, fue más bien una apelación a que los otros bajen sus egos. “Si soy candidata en la provincia de Buenos Aires, no voy a ser segunda de nadie”, dijo Carrió antes de completar: “tenemos que estar todos juntos, el PRO, la Coalición Cívica y los radicales, pero si yo voy a exponer definitivamente mi salud es para encabezar, no puedo ir tercera o cuarta”. Carrió confirma que su salud tiene un precio. Y su ego también.

Todo sucede ante la mirada de un radicalismo que por primera vez en muchos años tiene un candidato potente: Facundo Manes, que mide mejor que todos los soldados de JxC y amenazan con “ir por afuera”. En ese afuera también están expectantes Monzó y Randazzo. Y también la gente de a pie, que en realidad está preocupada por otras cosas.

Buena semana.

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