Columnista | Argentina, 1985 | Película | Ricardo Darín

ARGENTINA, 1985

El estreno de la película "Argentina, 1985" ocupó el centro de la escena desde su estreno el último jueves de septiembre.

En la película "Argentina, 1985", dirigida por Santiago Mitre, brillan como protagonistas Ricardo Darín y Peter Lanzani y atraviesan a los espectadores. De todas las edades y procedencias, nadie sale indemne de los cines, pero el tema no queda ahí. Sigue en los grupos de whatsapp y en las redes sociales.

Probablemente se trate de una excelente oportunidad para que muchos jóvenes vean en formato arte algunas de las mayores atrocidades y dolores que vivimos los argentinos a lo largo de nuestra historia. La película atraviesa por primera vez en mucho tiempo la grieta nacional. Hacía mucho que no encontrábamos el consenso que generó ésta película entre unos y otros. Donde un tema hiperpolitizado no abrió la herida política. Si bien hay quienes pueden hacer análisis quirúrgicos de algunos pasajes y discursos e intentan sacar conclusiones interesadas, el guión se apega a un relato histórico que merecía salir a la luz.

Cuando salí del cine recordé, y fui a buscar, la crónica que Jorge Luis Borges título simplemente “Lunes 22 de Julio de 1985”. En aquel momento Borges escribía para la agencia EFE española y el texto que sigue espero casi 40 días para “ver la luz” en el diario El País. Tiene muchos valores “ocultos” el texto de Borges, más allá del talento literario. Uno de ellos es que proviene de alguien que profesaba un antiperonismo acérrimo, pero fue atravesado por la crudeza de una realidad que desconocía. El resultado es un puñado de párrafos sin desperdicio. Que quiero recuperar para vos.

“He asistido, por primera y última vez, a un juicio oral. Un juicio oral a un hombre que había sufrido unos cuatro años de prisión, de azotes, de vejámenes y de cotidiana tortura. Yo esperaba oír quejas, denuestos y la indignación de la carne humana interminablemente sometida a ese milagro atroz que es el dolor físico. Ocurrió algo distinto. Ocurrió algo peor. El réprobo había entrado enteramente en la rutina de su infierno. Hablaba con simplicidad, casi con indiferencia, de la picana eléctrica, de la represión, de la logística, de los turnos, del calabozo, de las esposas y de los grillos. También de la capucha. No había odio en su voz. Bajo el suplicio había delatado a sus camaradas; éstos lo acompañarían después y le dirían que no se hiciera mala sangre, porque al cabo de unas sesiones cualquier hombre declara cualquier cosa. Ante el fiscal y ante nosotros enumeraba con valentía y con precisión los castigos corporales que fueron su pan nuestro de cada día. Doscientas personas lo oíamos, pero sentí que estaba en la cárcel.Lo más terrible de una cárcel es que quienes entraron en ella no pueden salir nunca. De este o del otro lado de los barrotes siguen estando presos. El encarcelado y el carcelero acaban por ser uno. Stevenson creía que la crueldad es el pecado capital; ejercerlo o sufrirlo es alcanzar una suerte de horrible insensibilidad o inocencia. Los réprobos se confunden con sus demonios; el mártir, con el que ha encendido la pira. La cárcel es, de hecho, infinita.

De las muchas cosas que oí esa tarde y que espero olvidar, referiré la que más me marcó, para librarme de ella. Ocurrió un 24 de diciembre. Llevaron a todos los presos a una sala donde no habían estado nunca. No sin algún asombro vieron una larga mesa tendida. Vieron manteles, platos de porcelana, cubiertos y botellas de vino. Después llegaron los manjares (repito las palabras del huésped). Era la cena de Nochebuena. Habían sido torturados y no ignoraban que los torturarían al día siguiente. Apareció el Señor de ese Infierno y les deseó Feliz Navidad. No era una burla, no era una manifestación de sí mismo, no era un remordimiento. Era, como ya dije, una suerte de inocencia del mal.

¿Qué pensar de todo esto? Yo, personalmente, descreo del libre albedrío. Descreo de castigos y de premios. Descreo el infierno y del cielo. Almafuerte escribió: "Somos los anunciados, los previstos, / si hay un Dios, si hay un punto omnisapiente; / y antes de ser, ya son, en esa mente, / los Judas, los Pilatos y los Cristos.”

Vean Argentina, 1985. Difúndanla. El que no sabe de donde viene, no sabe dónde irá.

Buena semana.

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