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Aprender de la envidia

La licenciada Mónica Dreyer nos trae su columna semanal de opinión: "Aprender de la envidia".

¿Podemos aprender de este sentimiento tan horrible que a veces se nos aparece? ¡Si! Para ello necesitamos comprender el mecanismo.

¿Qué es la envidia? El primer instante de la envidia es un dolor agudo ante un contraste que nos remite a nuestros deseos insatisfechos. Si aprendemos a utilizar esa señal descubriremos la riqueza potencial de la envidia y no surgirá la necesidad de destruir los logros del otro. Es la definición de Norberto Levy en el libro la Sabiduría de las emociones, altamente recomendable. Refiere que la envidia es una de las emociones mas descalificadas y si sentimos envidia tratamos de ocultarla ya que la sentimos como algo vergonzoso. Sin embargo, podemos aprender muchas cosas.

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Se define habitualmente la envida como la reacción de dolor y enojo que intenta destruir lo que el otro tiene, cuando percibimos que ese otro ha alcanzado algo que deseamos y no hemos logrado dice Levy. En esta definición, el acento está puesto en la destrucción del otro o de sus logros.

Pero si observamos, comprobaremos que la destrucción no es el objetivo central de la envidia, sino la eliminación de un contraste cuya percepción produce un malestar.

Si le preguntamos a una persona que tiene este sentimiento. ¡Sólo una posibilidad! Qué preferís. ¿Qué la persona envidiada pierda sus logros o vos lograr alcanzar tus deseos más queridos mientras la otra persona mantiene lo que envidias? ¿Qué elegirías?

En general responden la segunda alternativa, alcanzar aquello que uno desea. La destrucción del logro del otro no es un fin en sí mismo sino un medio para neutralizar un sentimiento de contraste. La envidia no es tanto una forma del odio como una forma desesperada de eliminar lo que recuerda su carencia.

Lo que se quiere eliminar es el contraste. En la próxima columna, desarrollaremos cuál es el camino que nos muestra la envidia.

¡Buena semana!

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