Columnista | Presidente | Alberto Fernández | Cristina Fernández

Yo puedo, tú puedes, ¿Él puede?

Hace una semana ya hablábamos de la ruptura del matrimonio presidencial, ahora sólo queda esperar quien se va de casa. Mientras tanto la gente de a pie sufre cuando entra al supermercado. Por Ricardo Varela

Ante 100 legisladores de Europa y Latinoamérica (EUROLAT), Cristina Fernández se despachó contra el presidente. “Que te pongan la banda y te den un bastón no es poder. Hablamos de poder cuando alguien adopta una decisión, la toma y esa decisión es respetada por el conjunto de la sociedad", aseguró de cara a un auditorio que la interrumpió en reiteradas ocasiones para aplaudirla, y continuó: "Que te pongan una banda y te den el bastón, un poquito es. Pero créanme, lo digo por experiencia... Ni te cuento si además no se hacen las cosas que hay que hacer, pero dejémoslo ahí".

Hace una semana ya hablábamos de la ruptura del matrimonio presidencial, ahora sólo queda esperar quien se va de casa. En un juego (algo perverso) en el que el kirchnerismo quiere que lo echen y el albertismo (si existiera) quiere que sus socios también paguen el costo del fracaso económico que tuvo esta semana uno de sus principales golpes. El 6.7% inflacionario de marzo se convirtió en el peor indicador del rubro en los últimos 20 años...

Puertas adentro, quienes rodean a la ex presidente esperan con ansias que Alberto Fernández los eche del gobierno. Dan por perdida la elección de 2023 y creen que deben re abroquelarse como oposición. Un lugar un tanto más cómodo que gobernar en ciertas coyunturas. Sienten que “eligieron mal” cuando señalaron a Alberto presidente en 2019 y que seguir con él es hundirse en el descrédito social y político. Para eso necesitan consolidar su núcleo duro, hoy ceñido al conurbano bonaerense (fundamentalmente en la tercera sección electoral). El kirchnerismo que saltó de Santa Cruz a gobernar el país, se refugió luego en la provincia de Buenos Aires y ahora en un sector del conurbano…

En honor a la verdad, “los K” también sabían que en 2019 no llegaban al poder “solos”, y que necesitaban de un armado transversal para ganarle a un Macri que había defraudado en uno de sus mayores créditos: la economía. En ese esquema del 19, Fernández (él) medía bien. No tenía causas judiciales, había sido uno de los alfiles de Néstor Kirchner y encarnaba un discurso “progresista” que podría ser escuchado en cualquier reunión de la internacional socialista sin que nadie se sorprendiera.

Así tejieron una alianza que les permitió ganar, y lotearon un gobierno imposible de manejar. Habitualmente las alianzas electorales reparten sus espacios de poder distribuyendo ministerios según lo que hayan aportado en votos. En ésta oportunidad, el “reparto” fue horizontal. Cuando el 1 era de un grupo el 2, 3 y 4 eran del otro (y viceversa). Esto permitió que se dieran situaciones insólitas como que el ministro de economía (mientras negociaba con fondos buitres y la banca a la que le debemos millones) no pudo echar a un subsecretario o a un director nacional (que paradójicamente dependen de él).

Somos un país con dirigentes políticos “raros”, ya lo sabemos. Pero estas situaciones desquiciadas son difíciles de explicar racional y razonablemente. Peor aún cuando no nos “sobra nada” y dependemos de las licencias que nos quieran (o puedan) dar nuestros acreedores.

Algunos anuncian inminentes y profundos cambios para la semana que empieza, otros piensan que habrá sólo retoques de maquillaje y hay quienes piensan que nada cambiará.

Cerca del presidente se enojan. “Ellos tienen a cargo la mitad de las áreas más sensibles de la gestión de gobierno pero nos critican con más dureza que la oposición”. Son los mismos que recuerdan (y quieren emular) al “desaparecido” Marcos Peña gritando en el Congreso de la Nación: “háganse cargo”.

Mientras tanto la gente de a pie sufre cuando entra al supermercado. Estados Unidos hizo saltar todas sus alarmas hace días cuando su inflación interanual superó los 5.5 puntos. España vive un momento de preocupación histórica con el 3.9 de inflación con el que cerró 2021. Nuestro 6.7 nos convierte (una vez más) en los reyes del equilibrio en altura (sin red).

Los más grandes, que ya vivimos esta historia un par de veces, intentamos que los más chicos no se vayan. Ellos también están cansados de escuchar como nos gritamos (mutuamente): “háganse cargo”.

Buena semana.

Dejá tu comentario