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Del Madrid - Barcelona al Boca - River y de los Ultras fascistas a los Barras delincuentes

Los Ultras Sur del Real Madrid tienen reivindicaciones fascistas. En Argentina, las barras se asocian al delito pero no tanto a la ideología. Por Manuel Nieto.

¿Se imaginan que La 12, la barrabrava de Boca, tuviera cánticos con reivindicaciones a Videla y los entonara en las inmediaciones de la Bombonera antes de los partidos? ¿Alguno puede vislumbrar a Los Borrachos del Tablón con banderas de River y el símbolo nazi o haciendo el saludo fascista antes de un Súper Clásico como el que vamos a tener este domingo?

Bueno, acá en Madrid pasan cosas como esas. Las vi hace dos semanas, cuando me acerqué a la previa del Real Madrid - Barcelona en los alrededores del Santiago Bernabéu. Solo fui a la previa, porque para quienes no son socios y no tienen un abono anual, el precio de las entradas es prohibitivo, únicamente al alcance de los turistas pudientes que llegan de todas partes del mundo.

También tienen prohibido entrar a la cancha los “Ultras Sur”, un grupo de barras que se caracterizan tanto por su fanatismo por el Real Madrid como por sus reivindicaciones a la dictadura de Franco, a la simbología nazi y por sus canciones de odio contra los inmigrantes, especialmente los de origen marroquí (los “moros”, como les dicen acá). Esta banda de fascistas es aparentemente muy valorada por parte del público del Real Madrid porque eran los que más barullo hacían en la cancha alentando al equipo. Pero por su violencia, tanto física como simbólica, fueron vetados en 2014 por el presidente del club, el muy famoso Florentino Pérez.

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Los Ultras Sur del Real Madrid, con banderas y reivindicaciones fascistas en la previa del clásico ante el Barcelona, hace dos semanas en las inmediaciones del Santiago Bernabéu.

Los Ultras Sur del Real Madrid, con banderas y reivindicaciones fascistas en la previa del clásico ante el Barcelona, hace dos semanas en las inmediaciones del Santiago Bernabéu.

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Desde entonces los Sur no pueden entrar a la cancha, pero montaron su propio show. En la previa de cada partido en el Bernabéu, se juntan en una calle pegadita al estadio para alentar al Madrid y sobre todo para exhibir sus credenciales ideológicas, con banderas de la Falange y de la España Franquista. Son unas cuantas decenas de locos que a mí me metieron un poco de miedo, no lo voy a negar, pero que a la barra de cualquier equipo argentino no le duraría ni diez minutos. A las pocas horas nuestros muchachos estarían exhibiendo como trofeo de guerra las banderas fascistas.

Lo que me llamó la atención con este fenómeno -nuevo para mí, pero naturalizado entre los españoles- es que hay gente que no es fascista pero que igual se acerca a las previas a alentar junto a los Ultras Sur y hasta les compran cervezas en su improvisado foodtruck. Javi, un estudiante español de 22 años que va a todas esas previas, me decía que le da igual el tema de la ideología, que a él le gustan los ultras porque son “los que más animan” y que sin ellos “el Bernabeu se ha vuelto un cementerio lleno de turistas y viejos millonarios”. También admitió que alguna vez tuvo que hacer el saludo nazi porque uno de estos fanáticos lo miraba amenazante.

Lo primero que pensé ante este espectáculo fue: “Qué suerte que en Argentina no tenemos neonazis haciendo un show en la calle”. Después comparé a los “Ultras Sur” con nuestros barrabravas, que no están asociados a la ideología fascista pero sí a la delincuencia común y a todo tipo de negocios ilegales que consiguen por medio de la violencia y la intimidación. Y me di cuenta de que así como Javi es un chico común que apoya a estos franquistas, en Argentina hay mucha gente honesta y trabajadora que “disfruta” del espectáculo que dan las barras por el color y el empuje que le ponen a su equipo, y de alguna manera los “banca”.

¿Cuál es la conclusión de toda esta comparación futbolera? Ninguna. Solo que este domingo de Súper Clásico me gustaría estar en el sillón de siempre, gritando los goles de Boca con el Turco, Leito y Joaquín y sobrellevando la convivencia con el sector gallina representado por mi papá y mi ahijado Carlitos. Pero esta vez me tocará ver el clásico más grande del mundo rodeado de españoles; así que después les cuento qué tal la experiencia. Mientras tanto, sé que en San Vicente me guardan mi lugar.

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