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Liderar en tiempos de cansancio

Por Mónica Dreyer.

Nunca fue tan desafiante liderar como hoy. Las organizaciones atraviesan un tiempo de cansancio colectivo: gente agotada, incierta, con la cabeza en mil lugares. Escucho “Tengo la cabeza quemada”. En este contexto, el viejo modelo del líder que “ordena y controla” perdió sentido. Hoy, el liderazgo se mide menos por el poder y más por la capacidad de generar confianza, sentido y contención.

Admiro a los líderes visionarios, como Elon Musk, que empujan límites y piensan en grande. Pero una visión sin empatía puede dejar personas agotadas o desconectadas del camino a seguir. El liderazgo que necesitamos combina brillo e inspiración con humanidad: la capacidad de innovar y abrir caminos, sin perder la cercanía con la gente. Un líder que sepa escuchar, que lea los estados de ánimo de su equipo, que entienda cuándo apretar y cuándo acompañar.

Daniel Goleman habló del líder resonante, ese que sintoniza con las emociones de los demás y logra que el clima laboral impulse, en lugar de desgastar. No se trata de ser blando, sino de ser consciente. Escuchar más que hablar, preguntar antes de decidir, inspirar antes que exigir.

También entiendo que no es fácil conducir equipos. A veces hay que poner límites: cuando los plazos se escapan, cuando los estándares de calidad caen, o cuando la motivación se diluye. Un buen líder sabe decir “hasta acá” sin humillar, y “podemos más” sin castigar. Otras veces el desafío es acelerar sin romper, empujar al grupo para alcanzar un objetivo sin ignorar el cansancio que se respira. Ese equilibrio —entre la exigencia y la empatía— es el arte del liderazgo actual.

El team coaching aparece como una herramienta valiosa: ayuda a que los equipos se miren, se digan lo que no se dicen y construyan confianza. Porque un grupo que se siente parte responde mejor que uno que solo obedece.

Liderar hoy no es tener todas las respuestas, sino crear el espacio para que otros las encuentren. No es mandar, sino acompañar. Quizás el nuevo liderazgo consista, simplemente, en recordar que detrás de cada rol hay una persona que necesita ser vista.

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