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Tratando de crecer

Por Nico Varela (@nicoevarela).

Todos los miércoles y viernes a las 17:30 dejo a mi hijo a entrenar fútbol en un club de Monte Grande que participa en FeFIJEE (Federación de Fútbol Infantil y Juvenil de Esteban Echeverría). La categoría 2020/19 es la primera en entrenar, por eso cuando llegamos unos minutos antes tenemos que esperar que quiten la red de vóley que está armada en el medio. Desde que tenemos esa rutina hay un pensamiento que no deja de darme vueltas por la cabeza. Pasa que los profes y los chicos de vóley no llevan la ropa del club. En cambio tienen remeras de otro color, con un escudo y diseño de lo que pareciera ser otro club, pero no precisamente. No nombro ni a uno ni a otro porque, honestamente, no estoy tan seguro. Pero creo haber entendido que los de vóley alquilan la cancha del club, una cancha de baby fútbol de pista completamente techada y con tribuna, para desarrollar allí sus actividades. El club prioriza a las categorías propias y alquila eficientemente el espacio mientras no lo usa a agentes externos. Lo entiendo perfectamente y no tengo ninguna crítica al respecto. Entonces, por qué lo cuento.crecer

Porque me resulta extremadamente llamativo que las actividades de vóley y fútbol no ocurran dentro del club exactamente como ocurren hasta ahora pero, en todos los casos, con el nombre del club. Trato de meterme en la cabeza de ese grupo de jóvenes entusiastas que a la hora de armar categorías de vóley crearon un nombre con el que alquilar la cancha en vez de armar los mismos equipos en la misma cancha, con los mismos delegados, los mismos profesores, la misma cuota, pero en nombre del club.

Cada miércoles, cada viernes, cuando lo veo, no puedo evitar mirar las enormes paredes, el techo parabólico, la tribuna, la cancha de pista, la inmensa infraestructura casi centenaria que en diez minutos cambia completamente de color, porque los de vóley suben y bajan sus propias banderas de la pared para cada entrenamiento.

Decidí escribirlo hoy porque esta semana en el programa de radio tuvimos la visita de un grupo de madres que integran la cooperadora de la EP N°9 de Cannnig, la que está sobre la ruta 58 a la altura del puente peatonal. Vinieron a contarnos que hoy, domingo, habrá una expo abierta a todo público para recaudar dinero para la escuela. Nos contaron que muchos comerciantes de la región colaboran económicamente, algo que no sorprende; sabemos que la dejadez en la educación pública no distingue presidencias ni gobernaciones ni colores políticos. Quienes nos visitaron eran dos madres de alumnas de tercer grado, y nos contaron que la cooperativa de la escuela trata de ocuparse de hacer de este un mejor lugar. Sus tareas van desde cambiar una lamparita que se quemó o cambiar un portalámparas, hasta reparar alguna cuestión edilicia o encarar alguna remodelación necesaria. Y no pude evitar pensar que si sus hijas están en tercer grado el año que viene estarán en cuarto, y en no más de tres años esas madres dejarán de formar parte activa de la EPN°9. ¿Y los portalámparas? Van a quedar ahí. ¿Y las remodelaciones? Ya no serán remodelaciones dentro de tres o diez años, serán parte íntegra de la estructura de la EP N°9.

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Igual que en el club. Las vitrinas están llenas de trofeos a nombre del club, sin nombres propios, trofeos anónimos a nombre de los colores. Vitrinas que no tendrán nunca, en consecuencia, trofeos de vóley al menos de esta generación.

Pasan los años, pasan los jugadores, pasan los dirigentes... quedan los colores. Nos es perfectamente entendible cuando nos referimos al club del que somos hinchas, pero se está volviendo cada vez más difícil de encontrar en las instituciones que integran a la comunidad. Las redes sociales no dejan de jugar su papel en esta nueva lógica del culto a la marca personal, pero esta vez elijo poner el foco en las más altas esferas humanas de construcción del sentido común. En un expresidente de Boca que hace 25 años que quiere privatizarlo, en un River con más de 350.000 socios que elige hacer elecciones un día antes del partido para que solo voten 30.000, en el presidente de Barracas Central que le puso su propio nombre al estadio que inauguró vaya a saber uno para quién.

Todavía me considero joven e idealista. Creo que triunfarán los que hicieron por hacer, esperando que los homenajes no sean en vida. Dejando, para bien o para mal, todo lo que hicieron en manos de otros. Los que hicieron hospitales que nadie recuerda, los que construyeron clubes inmensos que siguen siendo la mejor opción cien años después, en los que compraron una lamparita nada más que para que alguien que no conocen ni conocerán, pueda leer cómodamente en clase. Todavía creo en mirar a los ojos. Todavía y, a Dios gracias, todavía.

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