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¿Cuántos años tenés... según tu mente?

Por Mónica Dreyer.

En tiempos donde la ciencia parece medirlo todo, un descubrimiento llama poderosamente la atención: la edad que creemos tener influye en cómo envejecemos. No se trata de un pensamiento optimista sin base sólida, sino de una línea de investigación que ha captado el interés de psicólogos, médicos y biólogos. Entre ellos, Bruce Lipton, autor de La biología de la creencia, un libro que siempre recomiendo, quien sostiene que nuestras percepciones pueden modificar procesos biológicos profundos.

Uno de los experimentos más reveladores fue realizado por la psicóloga Ellen Langer, de la Universidad de Harvard. A fines de los años setenta, reunió a un grupo de hombres mayores y los llevó a un retiro muy particular: un lugar donde todo —la música, los diarios, la decoración— estaba ambientado como si hubieran retrocedido veinte años en el tiempo. Durante una semana, se les pidió actuar como si realmente vivieran en esa época. El resultado sorprendió incluso a quienes lo organizaron: mejoras en la memoria, en la movilidad, en la fuerza de las manos e incluso en indicadores fisiológicos asociados al envejecimiento.

Lo que este estudio sugiere, y que Lipton retoma desde la biología celular, es que el cuerpo responde no solo a las condiciones externas, sino también a las señales internas que construimos con nuestras creencias. Cuando una persona se siente joven, genera un entorno mental que favorece la vitalidad; cuando se declara “vieja”, activa el relato contrario.

No se trata de negar el paso del tiempo, sino de comprender que la actitud con la que lo transitamos puede atenuar o intensificar sus efectos. Quizás la verdadera juventud no dependa solo de los años vividos, sino de la historia que nos contamos cuando los miramos.

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