Hace unos días conversaba con una persona de cuarenta y tantos años. Su vida, como la de tantos, está llena de compromisos: trabajo, hijos, casa, responsabilidades. Cuando hablamos de cuidar su salud, apareció una frase conocida: “No tengo tiempo”.
¿Cuándo vamos a cuidarnos?
Por Mónica Dreyer.
Y probablemente sea cierto. A esa edad, las exigencias parecen no dar tregua. Pero ¿cuánto tiempo podemos seguir quitándole al cuerpo sin pagar las consecuencias?
Una contractura, una gastritis, el agotamiento. El cuerpo empieza a dar señales, mientras las urgencias siguen ganando. A veces tiramos tanto de la cuerda que recién un susto nos obliga a detenernos. ¿Tenemos que esperar a que eso ocurra?
Observo otra realidad: personas que, al jubilarse, tienen más tiempo, pero no incorporan el movimiento a sus vidas. Algunas nunca desarrollaron el hábito. Otras piensan: “Ya es tarde para empezar”.
¿De dónde vienen esas creencias? ¿Qué modelos tuvieron? ¿Qué les impide dar el paso?
Con los años, conservar y desarrollar fuerza muscular, capacidad aeróbica, movilidad y equilibrio nos ayuda a sostener la autonomía, la vitalidad y el disfrute.
Quiero compartir un recurso de la Programación Neurolingüística (PNL) que utilizo: “Aumenta tu motivación”. Me encanta nadar, aunque empecé hace pocos años. Si pienso en prepararme, cambiarme y entrar al agua, el esfuerzo puede desanimar.
Entonces cambio las imágenes: me imagino dentro del agua, deslizándome, disfrutando cada brazada. Anticipo cómo me sentiré al salir: más fuerte, vital y satisfecha.
Cambiar el foco de nuestra imaginación puede ayudarnos a encontrar motivación para comenzar.
No hace falta ser un gran nadador ni atleta. Se trata de empezar con pequeñas acciones: hoy una vuelta a la manzana, mañana una actividad semanal. Poco a poco, el hábito se instala y el cuerpo empieza a pedirlo.
¿Qué espacio estamos dispuestos a crear hoy para nuestro bienestar?
Porque si siempre esperamos a tener tiempo para cuidarnos, quizás un día tengamos que encontrarlo para recuperarnos.

