Este jueves 1° de octubre celebramos el día de Santa Teresita del Niño Jesús, una de las santas más queridas por la Iglesia y también por mí. Ese día tuve la alegría de participar de una misa en su nombre en la Parroquia Nuestra Señora del Carmelo, ubicada en Recoleta, donde tienen lo que es a mis ojos un enorme tesoro: una reliquia de primer grado de Teresita.
Historias de Santos: "Si Dios quiere, entrarás"
Reflexiones sobre la vida de Santa Teresita del Niño Jesús. Por Clara Milano.
Durante la homilía, el sacerdote destacó que la historia de esta Santa tiene algo para decirnos sobre esos proyectos que soñamos, por los que trabajamos y que, en algún momento, necesitamos aprender a poner en manos de Dios. Fue un mensaje que me atravesó en este tiempo personal y que quiero compartir en este espacio porque creo que tal vez pueda ayudar a otros. Así que voy a tratar de transmitirlo de la forma más fiel posible:
Santa Teresita tenía apenas 15 años cuando decidió que quería entrar al Carmelo de Lisieux. Estaba convencida de que esa era su vocación y no quería esperar más. En su viaje a Roma, en 1887, llegó incluso a pedirle personalmente al papa León XIII que le permitiera ingresar. Se arrodilló frente a él y le explicó su deseo, pero la respuesta no fue la que esperaba: “Si Dios quiere, entrarás”. Ella debía confiar en las autoridades de la Iglesia y, sobre todo, en la voluntad de Dios.
Teresita volvió de aquel encuentro con angustia. Sin embargo, en su escrito “Historia de un alma” comparte que en el fondo de su corazón había paz, ya que había hecho todo lo que estaba a su alcance para cumplir con lo que ella creía era la voluntad de Dios y su anhelo más hondo. Finalmente, después de nuevas gestiones, recibió el permiso y el 9 de abril de 1888, con apenas 15 años, pudo entrar al Carmelo. Aquello que parecía una demora terminó siendo parte del camino que la llevó a vivir la vocación que había soñado.
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Cuántas veces nos pasa algo parecido. Tenemos un proyecto, una fecha, una idea de cómo deberían darse las cosas y le pedimos a Dios que nos ayude a cumplirlo. Pero entregarle un proyecto no significa solamente pedirle que suceda. También significa aceptar que quizás tenga otros tiempos, otra forma o incluso algo para mostrarnos en el camino.
Y ahí aparece una tarea que podemos hacer mientras esperamos: pulir nuestros proyectos de cara al amor. Preguntarnos no solamente cuánto deseamos algo, sino para qué lo queremos. Si aquello que soñamos nos hace más generosos, más pacientes, más disponibles para los demás.
Teresita tuvo que aprender que no podía decidir cuándo se abriría esa puerta. Nosotros tampoco podemos controlar todos los tiempos de nuestros proyectos. Podemos trabajar por ellos, pedir, insistir y poner todo de nuestra parte. Pero también podemos dejarlos en manos de Dios y confiar. Porque quizás la espera no sea tiempo perdido: quizás también sea el momento en que Dios nos prepara para recibir aquello que estamos pidiendo.

