Hay conversaciones que sabemos que necesitamos tener y, sin embargo, postergamos. Una diferencia con un compañero de trabajo, algo que necesitamos pedir, un límite que no estamos poniendo, una situación que se repite o algo que quedó pendiente con alguien cercano.
Las conversaciones que postergamos
Por Mónica Dreyer.
A veces esperamos el momento perfecto. Otras pensamos que el otro debería darse cuenta. Y muchas veces simplemente no sabemos cómo empezar.
Mientras tanto, la conversación ocurre igual, pero dentro de nuestra cabeza. Imaginamos lo que el otro va a decir, ensayamos respuestas, interpretamos sus intenciones y hasta discutimos con él sin que esté presente. El problema es que nada cambia afuera.
Una conversación importante no necesariamente se improvisa. Podemos prepararla.
Una primera pregunta puede ser: ¿para qué quiero tener esta conversación? No es lo mismo conversar para demostrar que tengo razón que hacerlo para resolver una situación, cuidar un vínculo o construir un acuerdo.
También ayuda distinguir los hechos de nuestras interpretaciones. “No entregó el informe el viernes” describe un hecho. “No le importa su trabajo” es una interpretación. Cuando confundimos ambas cosas, solemos comenzar acusando y el otro probablemente empiece defendiéndose.
Si tenés una conversación pendiente, probá algo sencillo: tomá una hoja y escribí cuatro cosas: ¿Para qué quiero conversar? ¿Cuáles son los hechos concretos? ¿Qué me pasa con esta situación? ¿Qué necesito pedir para que algo cambie?
Preparar una conversación no significa ensayar un discurso perfecto. Significa ordenar lo que nos pasa para encontrarnos con el otro de una manera diferente. Una conversación constructiva no evita las diferencias: permite expresarlas, escucharnos y buscar una manera de avanzar.
Y esto se puede aprender.
El próximo miércoles comenzamos Conversaciones Constructivas, un taller de cuatro encuentros para incorporar herramientas y practicar cómo abordar esas conversaciones que muchas veces nos resultan difíciles.
Porque a veces, para cambiar una situación, no necesitamos seguir pensándola. Necesitamos aprender a conversarla.

