Esta semana alguien me contó una escena que me impactó. Una madre se despertó a las seis para ir a trabajar y encontró a su hija de 12 años convulsionando. La internaron dos días. Los estudios no mostraron patología. El diagnóstico fue agotamiento extremo asociado al uso excesivo de pantallas. Se había dormido a las cuatro de la mañana con el celular en la mano.
Fatiga informativa: niños y adultos hiperconectados
Por Mónica Dreyer.
Otra madre describe una batalla diaria con su hijo de cinco años: desde que descubrió un juego en el teléfono, quitárselo es un griterío. Antes jugaba solo. Cuando finalmente lo logra, el niño se duerme de agotamiento.
La dependencia a pantallas se inscribe dentro de las llamadas adicciones conductuales. La American Psychiatric Association reconoce el “gaming disorder” cuando hay pérdida de control, prioridad sobre otras actividades y persistencia pese a consecuencias negativas. Dormirse a las cuatro de la mañana no es entretenimiento: es privación de sueño. La luz azul inhibe la melatonina, altera el ritmo biológico y afecta la regulación emocional.
Las consecuencias son claras: insomnio, irritabilidad, fatiga mental, menor memoria de trabajo y mayor impulsividad.
A los adultos nos ocurre algo similar: dolor de cabeza, cansancio, saturación. Pero contamos con una corteza prefrontal madura que puede —no siempre— frenar el impulso y decir “basta”. En los niños, esa estructura responsable del control y la autorregulación aún está en desarrollo.
Cuando el cerebro se acostumbra a estímulos breves y cambiantes —scroll, videos de segundos— pierde tolerancia a lo que exige tiempo. Aparecen dificultades en el aprendizaje y atención dispersa.
El mal llamado “aburrimiento” no es un concepto antiguo: es el espacio donde el cerebro consolida memoria e integra experiencias. Sin pausas, no hay integración.
El problema no es que los chicos miren contenido. Es que el contenido está diseñado para que no puedan dejar de mirarlo.
Tal vez el desafío no sea prohibir la tecnología, sino asumir la responsabilidad adulta. Porque un cerebro en desarrollo no puede competir con sistemas diseñados para capturar atención.

